domingo, 15 de julio de 2018

LA PUERTA EN FECHAS. CRONOLOGÍA 1900-1987 (78) 1977


LA PUERTA EN FECHAS
CRONOLOGÍA 1900-1987




1977



23-04-1977 Boda de José Antonio Álvarez Alonso y Mª Luisa Macho Bellota en Palencia. Toño es hijo de Eusebio Álvarez y Avelina Alonso.

17-05-1977 Boda en Madrid de Ana Mari Valladares Álvarez y Francisco Iglesias Pérez. Ana Marí es hija de Zósimo Valladares y Oliva Álvarez.



23-07-1977 Boda en Sestao de Manuel Valbuena González y Eulalia Heras Calvo.

01-07-1977 Boda en Ujo, Asturias, de María del Carmen Ruidíaz Álvarez y Pedro Iglesias González. María del Carmen es hija de Antonio Ruidíaz y Amparo Álvarez.

29-10-1977 Boda en Salamón de María de la Paz González González y Jesús García García, fue celebrada la ceremonia por el sacerdote Antonio González Rodríguez. Mª de La Paz es hija de Laureano González y Mª Paz González.



03-12-1977 Se casa en Palencia Carlos Álvarez Alonso con Begoña Alonso Santiago. Carlos es hijo de Eusebio Álvarez y Avelina Alonso.

   Carlos y Toño, ambos hermanos se casaron el mismo año en Palencia.
  


MIGUEL A. VALLADARES ÁLVAREZ

sábado, 30 de junio de 2018

LA PUERTA EN FECHAS. CRONOLOGÍA 1900-1987 (77) 1976


LA PUERTA EN FECHAS
CRONOLOGÍA 1900-1987




1976

   San Pedro 2018


04-04-1976 Boda en Zaragoza de Gonzalo Carrasco Gutiérrez y Celia Ornoque Lucea. Gonzalo había nacido en La Puerta, en donde también fue bautizado era hijo de Aurelia Gutiérrez, hermana de Fe, Senén, Quirino, Frosa y Gil y Fortunato Carrasco natural de Ontanas (Burgos).

07-08-1976 Boda en Acebedo de Luis González Gutiérrez y Mª Soledad Castaño Martínez. Luis era hijo de Wenceslao González y Asela Gutiérrez.



 09-10-1976 Se casa Urbano Mancebo Pérez con Francisca Ordoñez Cruz en Priego, Córdoba. Urbano era hijo de Piedad Mancebo.

27-11-1976 Boda en Pontevedra de María del Carmen García-Verdugo Delmas con José Manuel Gómez González. Mª Carmen nacida y bautizada en La Puerta era hija de Andrés García-Verdugo y Carmen Delmás, Andrés fue administrador del Parador Nacional de Turismo.







MIGUEL A. VALLADARES ÁLVAREZ 


TIRA LA BOLA, NIN.



TIRA LA BOLA, NIN.

Cualquier domingo o festivo de guardar, tras la celebración de la preceptiva misa, los hombres acuden al bar de Jandra y algunos se divierten echando unas partidinas de bolos. Hoy es un día grande, celebramos nuestro patrón, San Pedro; hace una temperatura estupenda, todo el mundo está alegre. Mientras se forman los equipos, se organizan los primeros competidores y se efectúan los sorteos de mano, observo una entrañable escena en la bolera: Pepe “Ruscos” enseña a sus vástagos el noble juego: Tomás (3 años) tira repetidas veces al niche con una bola pequeñina (la agarra firmemente con las dos manos), mientras su hermano Pepín lanza al castro otra bola, “a rastras”, desde una distancia de unos 3 metros (la intenta asir con una mano pero a veces se le escapa incontrolada). El padre pina los escasos maderos que sus hijos derriban, al tiempo que imparte las primeras lecciones teórico-prácticas: el agarre (la bola se coloca encima de los cinco dedos separados), la postura (mano hacía atrás, pies juntos y avanza un paso al lanzar), la técnica (hay que “dar rosca” a la bola), las normas básicas (el niche vale cuatro puntos), etc. Explicada la teoría, procede practicar y, por ello, tras cada lección, el maestro le dice a su aprendiz: “tira la bola, nin”. 



Durante el desarrollo de las partidas profesionales, los aprendices nos sentamos en “las gradas” (al borde de la carretera, sentados sobre la tierra), en el escenario (a la izquierda de las escaleras) o en banco de madera, pero sin empinar el porrón o las jarras de cerveza que se apuestan (el que pierde paga). Otros se sitúan en el picadero para coger las bolas que brincan hacia el puente de la choricera y otros, al fondo, en la zona de manos, para interceptar las esféricas aceleradas que saltan la llata apoyada sobre el suelo y acaban en la presa. Había que tener especial cuidado con quienes hacían “calleja pa’arriba” y “calleja pa’abajo” pues su velocidad podía ser violenta.

Algunos rapaces pinan o, al menos, ayudan a los adultos, pero todos permanecemos muy atentos al juego y tomamos nota de los diversas jugadas, tiradas, birles, técnicas, pericias, conteo, dichos característicos, etc. En algunas ocasiones, por los trabajos realizados, los pinadores reciben una recompensa en forma de unos céntimos, alguna peseta, un refresco o un chupachus, un puñao de caramelos o, con mucha suerte, la novedosa y anhelada bolsa de patatas fritas.

A última hora, cuando ya escaseaban los jugadores, han solicitado a mi hermano mayor que jugara para completar una partida; esto era una privilegio de obligado aprovechamiento, a pesar del estrés y tensión que nos generaba (podías ser el culpable de perder). En alguna ocasión, si jugaban familiares u otros fomentadores de cantera (como ese gran aficionado Marino, el de Ángeles), nos metían a un par de rapaces en las partidas para que “fuéramos fogueándonos”. Siempre recibíamos (“in situ”) buenos consejos para mejorar en los diferentes aspectos del juego (otra cosa es que los aplicásemos).

Cuando los adultos se cansaban de jugar (a última hora de la mañana o al oscurecer) nos tirábamos a la bolera “como gato a bofe” para aprovechar el tiempo, hasta que Jandra o Marino nos echaban. Nos mezclábamos de varias edades pero siempre buscando la igualdad en el nivel de juego del grupo. Eran partidas muy disputadas y se entablaban discusiones fácilmente, por cualquier discrepancia mínima, y más de una rabieta o enfrentamiento acababa con bolas a gran velocidad cortando el aire; recuerdo una incidencia que finalizó con un bolazo en la cabeza de Anselmo, lanzada por mi hermano Miguel Ángel (muchos tuvimos que brincar, agacharnos o “recortar” para evitar impactos en alguna parte del cuerpo).

En nuestra etapa juvenil, la bolera se trasladó delante la casa de Flora (Jandra cesó en su actividad tendera, tabernera y lúdica) y eso supuso unas importantes ventajas: no había que consumir bebidas (eso que ahorrábamos para la discoteca y las fiestas), podíamos jugar a cualquier hora (no había que pedir los bolos a nadie) pues era muy sencillo: sacabas la caja de gaseosa con los bolos de la cuadra de Pelayo y la guardabas al acabar. También había que adoptar ciertas precauciones como interrumpir el juego cuando alguien pasaba hacia las casas de Flora y Paz, y también si había tránsito de vacas; las bolas solían escaparse por la calleja del fondo o hacia la casa de Cecilio y, otras veces, impactaban contra las duras paredes de casas, cuadras, muros o pozo, provocando su rotura y división en dos partes. Ahora, para variar y experimentar, estas mitades las aprovechábamos para practicar la modalidad de bola cacha (mi primo Javier se fabricó alguna expresamente).   


No sé si fue realidad o un sueño: alguien del pueblo elaboró unos toscos bolos y bolas de madera; el artesano serró unos trozos de salguera de unos 25 cm. de largo por 5-7 de grosor y, con la zuela, les afiló la punta (últimos 10 cm); además, de cuatro troncos de 10-12 cm. extrajo otros tantos objetos cuasi esféricos, cuya ventaja radicaba en no desplazarse muy lejos. ¡Cómo prestaba! Sacabas los bolos de la caja en cualquier lugar (calle, calleja, portalada, era), los pinabas y a jugar.

Me alegra ver que algunos herederos de La Puerta mantienen esta ancestral afición e, incluso, ganan premios en diferentes concursos. Me entristece que otros descendientes no hayan tenido la oportunidad de practicar este noble juego por causa de la emigración y, con gran pesar, dudo que podremos transmitir nuestras tradiciones a las generaciones venideras.

Jesús (el mediano de Toño y Enedina)

sábado, 23 de junio de 2018

LA PUERTA EN FECHAS. CRONOLOGÍA 1900-1987 (76) 1975


LA PUERTA EN FECHAS
CRONOLOGÍA 1900-1987




1975

             
16-01-1975 Fallece a los 81 años de edad Santiaga Domínguez Presa. La tía Santiaga estaba viuda, habiendo estado casada con Isidoro Pérez Díez, que fueron los padres de Constancia, Casimiro, Caya, José, fallecido recientemente, Jandra y Silverio.

19-04-1975 Nace a las 7 de la mañana Patricio Gutiérrez Fernández, hija de Emilio Gutiérrez y Aurora Fernández Rodríguez natural de Huelde. Hermana de María José.



11-05-1975 Bautizo de Patricio Gutiérrez Fernández, fueron sus padrinos Idefonso Bermejo y Sira Fernández. Testigos Manuel Díez y Petra Gutiérrez.

10-08-1975 Boda en Avilés de Javier Antonio Matorra Suero y Mª Argentina Flores Álvarez.

23-08-1975 Nace a las 5 de la mañana Juan Carlos Álvarez Álvarez. Hijo de Francisco Álvarez y Carmen Álvarez. Hermano de de Mª Cruz, Luis Miguel, Paco, Carmina, Ramón, Ana, Rosi, Lourdes y Nieves.


07-09-1975 Bautizo de Juan Carlos Álvarez Álvarez, fueron sus padrinos sus hermanos Luis Miguel y Mari Cruz. Ayudaron en la ceremonia Anselmo Alonso y Francisco Álvarez, hermano de la bautizada.



MIGUEL A. VALLADARES ÁLVAREZ



domingo, 17 de junio de 2018

LA PUERTA EN FECHAS. CRONOLOGÍA 1900-1987 (75) 1974


LA PUERTA EN FECHAS
CRONOLOGÍA 1900-1987




1974



19-03-1974 Nace a la 1 de la mañana María José Gutiérrez Fernández, hija de Emilio Gutiérrez y Aurora Fernández Rodríguez natural de Huelde. Hermana de Patricio.

30-03-1974 Boda de Sabino Sierra Valbuena y Juliana Herrero Álvarez.

31-03-1974 Boda de Demetrio González González y Pilar Villar Barba en Valladolid.

07-04-1974 Bautizo de María José Gutiérrez Fernández, fueron sus padrinos Luis Esteban y Águeda Gutiérrez vecinos de Nogarejas.



23-06-1974 Fallece a los 81 años de edad Julián Álvarez Rodríguez, Julián estaba casado con la tía Isolina y era hermano de Hilaria, Zacarías y Emiliano. Fue enterrado en el cementerio del pantano.

06-07-1974 Boda de Elpidio Álvarez Rojo y Victoria Giménez Gil en Sta. María de la cabeza.

10-07-1974 Confirmaciones en La Puerta a la que asisten: Teótimo González González; Francisco Álvarez Álvarez; Mª de los Ángeles Díez Carril; Francisco Javier González González; María del Carmen Álvarez Álvarez; María Isabel Álvarez González.

16-07-1974 Confirmación en Cuénabres de Miguel Ángel González Álvarez y Jesús González Álvarez hijos de Toño y Enedina.

14-08-1974 Se casa en Bilbao María Fe Martínez Gutiérrez y Carlos Evelio Borona Gutiérrez.

   Un servidor entre los novios..

MIGUEL A. VALLADARES ÁLVAREZ


domingo, 10 de junio de 2018

LA PUERTA EN FECHAS. CRONOLOGÍA 1900-1987 (74) 1973


LA PUERTA EN FECHAS
CRONOLOGÍA 1900-1987




1973

   La Puerta, foto de Pando Barrero coloreada por Antonio Alaiz.


20-06-1973 Boda de Emilio Gutiérrez Alonso y Aurora Fernández Rodríguez en Huelde. Emilio es hijo de Patricio Gutiérrez, natural de La Puerta  y María Alonso natural de Riaño.

08-07-1973 Boda en Éscaro de Ismael González Gutiérrez y Mª Jesús Carande López. Ismael es hijo de Wenceslao González y Asela Gutiérrez naturales de La Puerta.  Mª Jesús es hija de Melecio Carande y Generosa López naturales de Éscaro.


12-07-1973 Nace a las 2 de la mañana Ana Carmen Álvarez Pérez, hija de Gregorio Álvarez Clemente y María Pérez del Molino. Hermana de Vicenta.

15-07-1973 Bautizo de Ana Carmen Álvarez Pérez, fueron sus padrinos Santiago Álvarez Clemente y Gloria Pérez del Molino. Testigos Marciano y Sabina Hidalgo Chamorro.

21-08-1973 Fallece a los 76 años Benito González Gutiérrez, Benito estaba casado con Dionisia Álvarez García natural de Acebedo, y eran los padres de Adelina, Laureano, Heliodoro, Emilia y Leonides. Benito fue enterrado en el cementerio de Boca de Huérgano.

15-10-1973 Fallece a los 82 años de edad Hilario González Herrero, Hilario estaba casado y residía en la casa rectoral, era el padre del párroco Don Antonio González.




MIGUEL A. VALLADARES ÁLVAREZ

sábado, 26 de mayo de 2018

EL PASTORÍN DE BORÍN.


EL PASTORÍN DE BORÍN.

A primera hora del día, mi madre me ha encargado ir a casa de Flora “por una botella de vino y otra de gaseosa” antes de que me “vaya de correate y ya no me vea el pelo”. Al llegar al comercio, observo un borrico con alforjas, atado al manzano que se halla enfrente. Dentro de la dependencia habilitada como tienda (a la derecha del portal) veo a un chaval de unos 12 años, le atiende Conchita (la hija pequeña, siempre con una sonrisa en la boca… vale para atender al público), y le pregunto al rapaz quién es pues no me suena su cara; me comunica que su nombre es Antonio, aunque todos le llaman Toñín, y es el motril de los pastores que están en el puerto de Borín. No calza las zapatillas deportivas habituales (azules con suela blanca) sino unas chirucas (botas de serraje y lona, modelo único de la época) y viste un pantalón largo (no corto).




Encima del mostrador permanece una lata de aceite de Ybarra de 3 litros (ésta acabará reutilizada como cuerna), cinco botellas de vino de litro (¿devolverá los cascos estando tan lejos?), diez latas de agujas (pescado para mezclar en ensalada o comer solas), una lata de pimentón (¿para qué será?), tres kilos de azúcar, una botella de vinagre y una caja de colacao porque quiere cambiar su desayuno diario a base de migas por colacao migao (le sobra leche de oveja).

Pago mis bebidas a la alegre vendedora y le ayudo al joven a trasladar las mercancías hasta las alforjas del asno, que nos vigila de reojo y a veces se aleja, como transmitiendo que interrumpamos la carga. Después le pregunto a Toñín si tiene que hacer más recados y, tras negarlo, me solicita que le indique el camino de regreso; le propongo que, mientras llevo mis compras a casa, vaya andando hacia El Regachín, que luego le alcanzo; así lo hacemos y volvemos a juntarnos a la altura de la cuadra de Gundo; el burrín no pierde el tiempo y pace la hierba crecida a orilla del camino.

A continuación avanzamos por el camino de las eras y mientras me va explicando que sólo trabaja los meses de verano, “cuando no tenemos escuela y mi padre me ha dicho que haga todo lo que me mande el pastor y me fije bien cómo hace él las cosas, para que aprenda el oficio”. Lleva dos semanas en la majada de Borín y se queja de que los días se hacen muy largos, conversa poco con el compañero (cada uno atiende sus obligaciones), casi siempre comen lo mismo, no paran en todo el día y acaba tan cansado que duerme “como un rey” sobre un camastro de escobas, aunque poco tiempo ya que se levantan al amanecer.

A la altura del gallinero de Genoveva se trata el asunto de la comidas y,  en primer lugar, resalta que todos los gasto corren a cuenta del amo; “ mi primera tarea consiste en hacer lumbre para cocinar el desayuno e ir a por leña, si no la hubiere;  después recojo agua de la fuente del bebedero (aprovecho para “lavarme como un gato”) y posteriormente ordeño una cabra (a veces, dos), cuya leche será el añadido esencial para mis preferidas migas canas, aunque, si cuento con chocolate o miel las hago mulatas o meladas, para variar; pero también me salen estupendas las tradicionales, con chorizo, torreznos, la carne que atropo, etc.” Esta noche, la cena será diferente y constará de un exquisito guiso de carne de cordera, que se despeñó ayer (“ya estaba cansado de cenar sopas de ajo todas las noches”). A mediodía, se tira de zurrón (un buen trozo de pan con chorizo, tocino, queso, cecina, etc.) ya que siempre coincide que estamos en el campo, cuidando el ganado. El morral no se separa de la espalda del pastor y del lateral tampoco suele faltar la bota de vino.

En la Puente Chica, el burro se detiene para beber agua del calce; el muchacho me puntualiza que los perros devoran todo lo que pillan, habitualmente una hogaza de pan (media por la mañana y media por la noche) pero hoy también han tenido suerte pues han desayunado una machorra que se murió en circunstancias extrañas, “por algo que comió”, (los pastores solo consumen las reses caídas por causa naturales o accidentalmente).


Sobre el puente de La Escalera (quizás por el influjo de las aguas bravas), me confiesa que la noche le da algo miedo (cada vez menos) y encima cuando coincide con un pastor de Argovejo (empina el codo) le obliga a levantarse por la noche para ver si ha pasado algo en el corral, pero él sale fuera del chozo, se sienta en una piedra, escucha el tintineo habitual de las cencerinas y vuelve a entrar a los 10 minutos “dando novedades, alto y claro”, hecho que le molesta al dormilón, el cual está cansado de repetirle “despiértame sólo si pasa algo”. Por otra parte, Toñín realza que “este señor hace el mejor queso que he comido” aunque a él le toca ordeñar las ovejas y cabras para obtener la materia prima.

Entre el puente y Barroso, por el camino pegado a la peña, reflexiona en alto sobre la figura del motril, llegando a concluir que está de “chico para todo”, es decir, como si fuera el criadín  de la majada, aunque desempeña una función muy importante: “acompañar al pastor y, si le pasa algo, el rebaño no queda abandonado, que el ganado vale muchas perras”. Contar con este ayudante permite a los pastores relevarse cada dos semanas mientras él permanecerá al pie del cañón todo el tiempo (con suerte podrá ir un par de días a la fiesta de su pueblo). 

Por otra parte, (durante la subida por la canal de Barroso) reconoce que cuando llegó al puerto no sabía hacer nada especial y ahora ha aprendido diversas tareas muy útiles para vivir sólo y un oficio con el que ganarse la vida. Este aprendiz espera que el próximo año le asciendan a zagal y así vaya subiendo escalones en su profesión, desde el puesto más bajo hasta llegar al más alto, de mayoral (“¿quién sabe?”), como se comenta de un pastor de Acebedo.

En la cima de la canal, me manifiesta (con aire de resignación) que podrá sobrevivir todo el verano sin ir por su casa; le invito a bajar a nuestro pueblo cuando quiera (“siempre estamos aquí, lo pasamos muy bien”), sea entre semana o domingo, para la fiesta de San Pedro o la de Quintanilla (en Riaño, nunca fallamos), y que no se preocupe, que puede dormir en mi casa o, si lo prefiere, en la portalada o en la cuadra. Muy prudente, el adolescente apunta que precisa autorización del pastor de turno y que si coincide con uno de Caminayo, “que es muy buena gente”, igual hay suerte.

Tengo que regresar o llegaré tarde a comer, aunque estaría durante horas en este alto, disfrutando de este airín y contemplando un paisaje excepcional a cualquier lado que mires. Por último, me confía que le ha gustado este viaje a La Puerta, la semana pasada bajó a Riaño y nadie le habló como yo (incluso, algunos le “miraban con cara de berrugo”). Nos despedimos: “que te vaya bien pastorín”; me responde: “adiós amigo, espero verte la próxima semana” y ahora se dirige al burriquín: “vamos nin”.

Jesús (el mediano de Toño y Enedina).