domingo, 8 de enero de 2017
sábado, 17 de diciembre de 2016
JUEGOS DE LA PUERTA: CHORRO, MORRO, PICO, TALLO, ¿QUÉ?
CHORRO, MORRO, PICO,
TALLO, ¿QUÉ?
Cualquier día de verano, tras el desayuno preceptivo, los
rapaces salimos a la calle y cernolineamos en busca de aventuras; al final,
solemos acabar delante de la casa de mi tía Carmen, donde correteamos niños
(también ninas) de diferentes edades. Hoy hemos decidido jugar a “chorro,
morro,…” y nos enfrentaremos “los del pueblo” contra “los de fuera”.
Para “hacer de juez” necesitamos un chaval maduro y “de
fiar” ya que si se confabula con un oponente nunca acertaremos y, por tanto,
permaneceremos “de burro” hasta que se descubra el engaño; además, debe hacer
funciones de árbitro: verificar que los saltadores no tocan el suelo (apoyando
un pie o mano) ni se desplazan (aunque sea disimuladamente) con la intención de
proporcionar más espacio al resto de participantes. A la altura del pozo de su
abuelo, aparece mi primo Toti, al cual
convencemos para que ejerza la función descrita.
Comenzamos el juego, sorteamos quién se la queda (nos ha
tocado) y su señoría se coloca de espaldas contra la pared, con las piernas
abiertas ligeramente para que Alfredín se agache, encaje su cabeza y se agarre
a cada uno de los muslos mientras apoya sus hombros contra ellos. Detrás, en la
misma posición, nos situamos por este orden: Santiaguín, Ramón, Metrines,
Manolín (de Pepón), Javi, el que suscribe y Miguel Ángel. Los más jijas
(resisten menos) se les coloca delante y a los más fornidos al final ya que
primero saltan los escuchumizaos (pesan menos) y los últimos en hacerlo son los
más gruesos (su peso les impide elevarse y progresar varios puestos).
Empiezan a lanzarse los jugadores veraneantes: Josines
(primo de Anselmín) se apoya en mi espalda y avanza hasta Ramón, al que se
abraza para evitar la caída; Alejandro (de Emilia) realiza otro buen salto y
aterriza sobre Metrines (se le flexionan las rodillas, pero aguanta), Javier
(de Sofía) impacta sobre su tocayo (que exclama: ¡Ay!, ¡Ay!, ¡Ay!); Pedrito (de
Sabina) asienta sus posaderas encima de Manolín, apretando las piernas hacia
adentro para sujetarse mejor; Andresito (sobrino de Pedro y Amparito) cae “a
plomo” sobre mi espalda (en mi reacción me acuerdo de su progenitora); José
Mari (de Nides) se acomoda entre mi hermano y yo, inclinándose hacia adelante y
adhiriéndose como una lapa a su predecesor); Carlos (de Araceli) embiste a su
predecesor (la fila se tambalea) y, mientras, emite una sonora carcajada
(Miguel Ángel suelta varios tacos al mismo tiempo) y, por último, se sube al
carro, Julito (también de Nides); éste solamente se impulsa un poco: al ser muy
alto y esgalichao, sus pies casi rozan el suelo (no le quito el ojo desde mi
ángulo de visión invertido).
Con todos los saltadores encima del burro, el primero
ofrece el pulgar de su mano a la madre para que lo agarre y pregunta en alto:
“¿chorro, morro, pico, tallo o qué?” (cada vocablo se corresponde con un dedo).
Santiaguín, rápidamente (hay que descargar cuanto antes), contesta: “chorro”; su
acierto nos libera de pesos y nos permitirá practicar los saltos (bastante más
agradable y divertido).
Los foráneos se van agachando y enlazando en el orden que
han saltado; nosotros mantenemos también la sucesión anterior: Santiaguín coge
bastante impulso (precisa salvar la elevada altura de Julito) pero sólo llega a
los omóplatos de José Mari; Ramón apoya mal una mano, se desequilibra pero
consigue trabar sus piernas por el lateral de José Mari; Metrines se planta en
el lomo de Carlos (y tiene que agarrar a Ramón que está demasiado escorado);
Javi se coloca entre Carlos (empieza a restolear) y Julito; Manolin se adhiere
lo máximo a su predecesor (sabe que andaremos muy justos); yo consigo sujetarme
en la ladera descendente del pronunciado espinazo de Julito y mi hermano se
encalama sobre mi espalda (aferrado a mis hombros, como un esguilo a la rama
del pino).
Ahora urge acabar este lance cuanto antes ya que estamos en
una situación de total inestabilidad, con riesgo inminente de caída; para
nuestra sorpresa, y en beneficio propio, Carlos se arrana y acabamos
esparramaos por la superficie sin asfaltar (no hay heridos, solo algún
rasponazo que no se alivie con un soplido y un poco de saliva). Sus compañeros
se emburran, alguno le ofrece una estallina.
Después de varios
juegos muy disputados y emocionantes, estoy cansado y mi lomo algo mancao; le propongo
a mis compañeros cambiar de juego (“a la una salta la mula”) y así podrán
intervenir otros niños (Pepín, Yonchu, Albertín, Cesar, Manolín -de Gundo-,
etc.) y niñas (Olga, Sara, Mari Luz, Ana Mari, Marleni, las dos Angelines -la
de Sole y la de Villafrea- etc.) que se han incorporado como espectadores
(muchas veces jugamos todos juntos). En cuanto me ofrezco para quedármela todos
aceptan; me agacho, colocando mis codos sobre los muslos, y empiezan a saltar:
Iñaki, el primero, dice: “a la una, salta la mula” y
realiza un salto apoyando las manos sobre mi espalda y abriendo las piernas
para no tocarme.
Su primo, José Luis, va detrás y declara: “a las dos, da una
coz”; al efectuar el pase toca con el pie en mi trasero (sin pasarse).
Ahora le toca a Vicente, el de Dito: “a las tres, con la
mano y con el pie”, añadiendo un suave azote a la obligación anterior.
Para el siguiente, Juanjo, el de Fabio,… ¿qué viene ahora?...
ya no me acuerdo del resto de frases ni sus acciones correspondientes; ¿alguien
me puede refrescar la memoria?.
Jesús el mediano de Toño y Enedina.
miércoles, 7 de diciembre de 2016
LA GRIPE DE 1918 EN LA PUERTA
Bueno mis queridos convecinos y demás, llegan las navidades y hay que tomarse un descanso, así que con este post yo al menos me despido por este año, deseándoles unas felices fiestas y una buena paga de navidad.
¡¡¡Viva La Puerta!!!
Miguel A. Valladares Álvarez
LA GRIPE
"ESPAÑOLA" EN LA PUERTA 1918-1919
La pandemia de gripe española no tuvo su
origen en nuestro país, lo tuvo en un campo de entrenamiento de los soldados de
los EE.UU, en donde se preparaba la tropa para luchar en la 1ª Guerra Mundial;
el nombre de "Española" le viene porque fue nuestro país el primero
en hacerla oficial, ya que los países beligerantes en la Gran Guerra no lo
hicieron pensando que esto podía desmoralizar y desmotivar a sus soldados. En
León además de este nombre también se emplearon nombres como "el mal de
Moda"
¿Pero en realidad qué tipo de gripe era
esta? Los estudios hechos a partir del hallazgo
de un cuerpo encontrado en una capa de permafrost en territorio de Alaska,
donde la temperatura conservó adecuadamente el material genético, determinó que
este virus no tenía ningún gen de tipo humano, sino que era de tipo aviar, sin
mezclas, pero este virus tenía 25
mutaciones que lo distinguían del tipo aviar típico, y entre ellas debían estar
las que permitieron adaptarse al ser humano.
Un cronista de la época describió los síntomas
que padecían los infectados: "fiebre de 40º, dolor agudo en la cuenca de los ojos, en los oídos
y en la zona lumbar", además se incluían los síntomas típicos de la gripe,
tos, cansancio, dolor corporal y en algunos pacientes diarreas y vómitos. Los
contagiados tenían dificultades para respirar, producidas por la inflamación y
hemorragias en los pulmones. Otros síntomas apreciables eran las marcas rojas
en el blanco de los ojos y las manchas color caoba en la cara. Una muerte
dolorosa, tanto para el aquejado como para los que le acompañaban.
Esta gripe fue a nivel sanitario un
acontecimiento a escala mundial que masacró a la población del planeta, aún hoy
en día no hay con certeza un número total de víctimas, aunque en cualquier caso
estas superarían los 50 millones de fallecidos, mientras que los enfermos de
este mal superaron los 500 millones. En EE.UU solo en octubre del 18 se
registraron 300.000 personas; 250.000 en el Reino Unido; 400.000 en Francia; en
el África subsahariana cerca de 1.5 millones de personas. En Alaska, en un
pueblo de la etnia Inuit de 80 habitantes fallecieron 78 en una sola semana; en
la India fallecieron más de 10 millones;
en China se dieron cifras parecidas a las de la India. La incidencia de esta
plaga en España también fue muy significativa y se manejan cifras que se
acercan a los 300.000 fallecidos.
LA EPIDEMIA EN ESPAÑA
Se cree que llegó a España al regreso de
los trabajadores que se desplazaron a trabajar a fábricas francesas durante la
contienda de 1914-1918. En primera instancia la enfermedad, altamente
contagiosa, se declaró en la zona centro y Extremadura a partir de marzo del
18, para luego expandirse por todo el país.
En el noroeste, que tuvo una gran
incidencia, León, Zamora y Burgos fueron las provincias más afectadas. Los
casos se empezaron a confirmar desde marzo del 18 hasta mayo del 19. En cuanto León,
los meses más duros fueron entre los meses de septiembre y diciembre en
murieron 4.545 personas. Según las notas oficiales en septiembre lo hicieron 75
personas; en octubre 2.355, en noviembre 1.644 y en diciembre 471. El balance
total de fallecidos por causa de la epidemia se cifra en cerca de 10.000
personas.
LA GRIPE “ESPAÑOLA” EN EL AYUNTAMIENTO DE RIAÑO
En nuestra montaña ninguno de nuestros pueblos
se salvó de esta plaga; la fatalidad infundio tanto miedo que se llegaron a
dictar leyes y normas especiales desde el Gobierno Civil para luchar contra la
epidemia: clausurar el curso escolar hasta que desapareciera la enfermedad;
prohibir la entrada en las casas en las que hubiera algún enfermo por este
padecimiento, recomendación del aislamiento total del afectado y una desinfección
de ropas y cuarto en el que el enfermo yazca. Se dictaron asimismo órdenes para
que los cadáveres fueran rápidamente inhumados sin esperar el tiempo mínimo, e
incluso, que estos se llevaran al cementerio por el recorrido más corto y menos
transitado. Se prohibió de igual manera todo tipo de eventos, fiestas, ferias y
cualquier otro acontecimiento que facilitara el contagio, llegándose a prohibir el acudir a los cementerios el Día de
Todos los Santos. En los templos se pidió a las autoridades eclesiásticas el
cese temporal del uso de pilas de agua bendita, por considerarse expuesta al contagio
de enfermedades.
En el Ayuntamiento de Riaño al menos se
registraron 50 fallecidos por la gripe entre el año 1918 y junio de 1919, siendo
los meses con más fallecimientos octubre y noviembre del 18, con un rebrote en
abril del 19. La epidemia afecto a todos los grupos de edades, con una menor
incidencia entre los 15 y los 25 años, entre los que solo encontramos un
afectado; menores de 15 años fallecieron entre estas fechas 8; entre los 25 y
50 años 13 personas y mayores de 50 hay registrados 12.
Decíamos anteriormente que hasta marzo de 1918
no se confirmó la aparición del desastre gripal, pero lo cierto es que desde el
22 de diciembre de 1917 se empezaron a registrar fallecimientos a causa de
gripe. Pudiera pensarse que estas muertes que se sucedieron en los meses de
invierno y primavera eran normales dadas las fechas y la climatología de estas
estaciones del año, pero si analizamos las defunciones tanto de años anteriores
como posteriores a esta epidemia no nos encontramos un número destacable de
fallecimientos debido a procesos gripales
o como consecuencia de ellos. En concreto en el periodo inverno-primaveral del
1916-1917 sólo fallecieron cuatro personas en los meses de noviembre y
diciembre de 1916 y marzo y abril de 1917, y de sitios tan dispares como Riaño,
Anciles o Éscaro. Un fallecido más, cinco,
hubo entre el invierno de 1919 y
primavera de 1920, siendo las causas principales las neumonías y tuberculosis,
e igualmente los fallecimientos se produjeron en varias localidades del
Ayuntamiento como La Puerta, Horcadas, Éscaro y Riaño. En base a estos datos nada
parece indicar que la gripe fuera una enfermedad habitual, y mucho menos tan
contagiosa, durante 1917 murió más gente de viruela que como consecuencia de
gripes, y fue la gastroenteritis la enfermedad que más fallecimiento causó en
el periodo.
Pero pese a esto, lo que es evidente, es
que si tenemos que hablar de epidemia, hemos de referirnos a las defunciones
producidas entre los meses de octubre y noviembre del 18 y un rebrote entre los
meses de abril y junio del 19, ya que destaca tanto por su intemporalidad como
por el número de decesos.
Sólo en estos dos meses fallecieron 29
personas; 12 en octubre y 17 en noviembre, siendo varios los días en el que hay
registrados dos víctimas. La primera
baja está fechada el día 9 de octubre y fue precisamente el cura de Riaño,
Lázaro Santervas Polo, natural de Mayorga. No fue el único foráneo de la
Montaña afectado; otros dos ciudadanos de Cuenca y Teruel residentes temporales
en Riaño y un niño de 6 años e hijo de un caminero, natural de Cisneros
(Palencia), que residía en la Casilla de La Puerta también fallecía de la misma
dolencia. Vecinos de pueblos limítrofes que residían en Riaño, ya fuera por
matrimonio, trabajo o cualquier otro motivo hay registradas 8 defunciones.
En Carande en menos de 7 días se registraron
dos fallecimientos. Otro fallecimiento más se registró en el rebrote de la
epidemia en abril del 19. De Éscaro sólo conocemos un registro de fallecimiento
por esta causa en estos funestos meses. Horcadas no fue menos en esta
enfermedad infecciosa, fue un visto y no visto, como un ciclón que arrasó el
pueblo en cinco días, los que van entre el 2 y el 7 de noviembre fallecieron
cuatro personas de entre 33 y 54 años. El pánico tuvo que volver a palparse en
el aire cuando en mayo del 19 fallecía otra víctima más de tan odiosa
enfermedad. De Riaño fallecieron entre estas fechas, octubre-noviembre siete vecinos. A estas muertes hay que sumarle
las producidas en el periodo comprendido entre los meses de abril y junio del
19 que, se cobraron otras ocho vidas más.
LA GRIPE EN LA PUERTA
En La Puerta se pueden considerar
trágicos estos dos meses en los que fallecieron diez personas; entre el 25 y el
30 de octubre se extinguían cuatro vecinos: El día 25 fallecía Pedro Rodríguez
Suero (28 años), sus padres Simón y Segunda eran naturales de Éscaro desde
donde posteriormente se trasladaron a La
Puerta, residieron en la calle Real, en donde tuvieron sus doce hijos. Pedro
era hermano de Victoria, más tarde casada con el tío Celestino Domínguez y del
tío Eusebio conocido como "El Cardenal". Pedro ejerció de Secretario
de Juzgado.
Al día siguiente, 26 de octubre,
fallecía Mariano Domínguez Presa 36 años, hermano del tío Celestino. No iba a
ser esta la única desgracia en esta familia ya que 4 días más tarde fallecería,
del mismo mal, su padre Manuel Domínguez Pérez de 73 años. Sin duda este día 30 fue uno de los más duros,
si dentro de esta catástrofe sanitaría se pueden destacar unos días de otros,
ya que apenas 12 horas después de fallecer Manuel en la calle La Iglesia, a
escasos metros en la calle Real, fallecía Mª Rosario Álvarez Álvarez de 2 años de edad,
hija de Teodoro Álvarez y su primera esposa Ascensión Álvarez Canal, más tarde
casado en segundas nupcias con la tía Justa (¡¡¡ Que perucas tenía la tía
Justa, no me las quito de la cabeza!!!).
Otros seis vecinos lo fallecían
en el transcurso de las 3 primeras semanas del mes de noviembre, Hilaria Álvarez Díez de 27 años, lo hacía el primero de mes.
Hilaria era hija Francisco Álvarez y Petra Rodríguez, esta última natural de
Riaño, hermana del tío Julián, marido de la tía Isolina, de Zacarías, padre de
Eulogio y de Emiliano el peluquero, padre de Daniel, Oliva, Marino, Liborio,
Macario y Aurora.
Dos días más tarde fallecía Cruz Martínez
Álvarez de 6 años de edad, hijo de Eulogia, también residente en la calle
Real. El día 6 era Manuela González Díez
de 63 años, residente en la calle La
Iglesia. Manuela era hija de Cosme González y Froilana Díez, estaba casada con
Facundo Alonso Díez, a la sazón abuela de Agapito, Avelina, Valentín y Aurelio.
El día 10 fallecía Bonifacio
Álvarez Díez, hijo de Miguel y Jerónima residentes en la calle Real. Bonifacio
era hermano de Domitila y Eloy, marido que fue de Genoveva, entre otros. Serafina,
o Rufina González Álvarez, de ambas maneras aparece en los registros, de 17
años y residente en el Barrio San Pedro fallece el día 13; era hija de Antonio
y Rosenda, hermana del tío Fermín, nieta
de Cosme y Froilana, su tía Manuela había fallecido una semana antes como hemos
visto anteriormente .
Por último el día 20 se
registraba el último fallecimiento por causa de la epidemia; era en el Barrio
de Abajo, en casa de Pedro y Ángela. Se trataba de su segundo vástago, Luciano
Álvarez Díez de 26 años de edad, hermano Eulogio, Felipa, de Quico el Caminero
y Alejandro.
En general el pueblo con más
fallecidos fue Riaño con 20 fallecimientos, aunque el que mayor incidencia tuvo la epidemia fue
en el pueblo de La Puerta en el perecieron 10 personas, la mitad que en Riaño
pero hay que tener en cuenta que esta última quintuplicaba la población de La
Puerta. Aún hoy, recordando este dantesco acontecimiento, uno se siente
consternado por el dolor y el miedo que recorrieron las calles de nuestros
pueblos, sentir general, ya que, quien más o quien menos, por razones de
parentesco, vecindad, amistad o simplemente humanidad, lo sufrió en sus carnes
y en lo más profundo de su corazón.
Miguel A. Valladares Álvarez
domingo, 4 de diciembre de 2016
LA PUERTA Y SUS GENTES 1752.1987 y (10)
LA PUERTA Y SUS GENTES 1752.1987 (10)
Trigésimo cuarta.-
Martín de la Fuente, de hedad treinta y ocho años, casado con María Ana
Rodríguez, tiene por hijos a Enrrique, Manuela y María, menores, de estado
general.Exercicio labrador; su jornal diario quatro reales. La utilidad de la
madera siete.
Martín de la Fuente estuvo casado
en primeras nupcias con María Rojo Prieto, natural de Salio, de este matrimonio
nacía en 1737 Manuel de la Fuente Rojo y en 1739 Manuela. Tras enviudar se
volvió a casar con María Ana Rodríguez Tejerina, natural de Vegacerneja, fruto
de este segundo matrimonio figuran bautizados en La Puerta: Agustina de la
Fuente Rodríguez en 1744, ésta debió fallecer prontamente ya que en 1746
bautiza su segunda hija también llamada Agustina. En 1751 nacería su hijo
Manuel; en 1754 Martín y en 1756 Francisco. Aparte de estos también figura
bautizando hijos en La Puerta otro vástago más Enrique, que figura en el Catastro,
pero no nacido en La Puerta.
Enrique de la Fuente Rodríguez se
casó con Isabel González Díez, natural de Riaño y tuvieron 4 hijos: Francisco
de la Fuente González en 1779; Juan Antonio en 1781; Agustín en 1784 y Cecilia
en 1788. Aparte de estos figura Justo de la Fuente González, otro hijo que
aparece en los registros casado con Luisa Díez Fernández, natural de Oseja de
Sajambre, y bautizaban a sus hijas María de la Fuente Díez en 1829 y a Isabel
en 1839. Aparte de estas dos hijas Justo
tuvo otro hijo: Antonio de la Fuente Díaz, que había nacido en Vegacerneja,
este Antonio contrajo matrimonio con Ana María Díez Díez de Riaño, de este
matrimonio nacían: en 1855 Petra de la Fuente Díez y en 1865 Juan.
Petra de la Fuente Díez, tuvo 3
hijos de soltera: en 1877 una hija llamada Rita de la Fuente Díez, en 1884 a
Juan de la Fuente Díez, Dámasa en 1886. En 1890 figura casada con Baldomero
Díez Acevedo de Sahelices de Sabero, año en el que nace su hijo Doroteo Díez de
la Fuente. El rastro de la trigésima cuarta familia desaparece de los registros
en esta última fecha de 1890.
Trigésimo quinta.-
Manuel González, de hedad de quarenta años, estado noble, casado con
María Pérez, sin hijos. Exercicio labrador; su jornal diario quatro reales. La
utilidad de la madera siete.
Esta familia no aparece en los
registros de La Puerta, ni ellos, ya que los registros de los que dispongo
empiezan en 1724 y ellos de nacer en La Puerta lo debieron hacer en la década
de 1710. Tampoco tuvieron hijos bautizados en La Puerta.
Trigésimo sexta.-
Manuel Díez, curador de María González, huérfana menor.
Los datos que aporta el Catastro
son insuficientes para concretar con fiabilidad estas familias, en cuanto a
Manuel con toda probabilidad se trataría de Manuel Díez Peláez nacido en 1734,
ya que otro Manuel Díez figura nacido en 1744 y es poco probable que con 8 años
pudiera hacerse cargo de una niña huérfana. En cuanto a la niña entre 1745 y
1751 nacen 3 Marías González, lo que hace imposible localizar a nuestra María.
Trigésimo séptima.-
Ángel Albarez, de hedad de veinte y ocho años, estado noble, casado con
Isavel Domínguez, sin hijos. Exercicio labrador; su jornal diario quatro
reales. La utilidad de la madera siete.
Ángel Álvarez Álvarez, nacido en
La Puerta en 1725, hijo de Francisco Álvarez y Catalina Álvarez, sólo figura en
los registros en su nacimiento. Isabel no figura en los registros de La Puerta.
No tuvieron hijos.
Trigésimo octava.-
Ana Prieto, criada, sin hijos.
Desconocida.
Trigésimo novena.-
María y Manuela Solares, huérfanas menores, su curador don Froilán de
la Riva.
María y Manuela Solares de la
Riva eran hijas de Francisco Solares Allende y Bernarda de la Riva, ésta
descendiente de Burón y hermana de Froilán (ver familia 20). María había nacido
en 1738, en 1741 nacía Manuela, otro hijo, Santiago había nacido en 1745, éste
y sus padres ya habían fallecido cuando se realizó el Catastro. El curador de
las niñas era su tío Froilán.
Manuela Solares de la Riva se
casó con Manuel Gutiérrez Álvarez, nacido en La Puerta en 1729. Fruto de este
matrimonio nacerían Isabel Gutiérrez Solares en 1763; Antonia en 1766 y Mª
Luisa en 1772. Tras enviudar volvió a contraer matrimonio con Francisco Fuente
Rodríguez, también vecino de La Puerta en donde había nacido en 1732. Francisco
también era viudo, había estado casado con María Fernández; Carande, natural de Éscaro, con la que había
tenido 7 hijos: Juan Manuel Fuente Fernández 1757; Lorenzo 1758; Francisco
1760; María en 1761, ésta debió fallecer prontamente; María en 1763; Lucia en
1766 y Águeda en 1769.
El matrimonio compuesto por
Manuela Solares de la Riva y Francisco Fuente Rodríguez tuvo dos hijas: Marta
Fuente Solares nacida en 1774 y Manuela en 1778. Esta fecha es la última vez
que esta familia aparece en los registros de La Puerta.
Cuadragésima.-
Ysidora Alonsso, viuda, sin hijos.
Desconocida.
Cuadragésima primera y última familia mencionada en el Catastro de
Ensenada.
Ignes Rodríguez, viuda, sin hijos.
Inés Rodríguez era en 1752 viuda
de Marcos Alonso de Noriega, y pese a que el Catastro la menciona sin hijos, se
refiere a que ninguno vivía con ella, unos porque o bien habían fallecido o por
ser mujeres hubieran contraído matrimonio y residieran en otros pueblos, otros,
en el caso de algún hijo, porque ya se habían casado y tenían su propia
familia. Los registros de los que dispongo datan de 1724 y al menos anterior a
esta fecha Inés y Marcos habían bautizado a 2 hijos: Miguel Alonso Rodríguez de
Noriega (ver familia 33) y Fernando, aparte de estos, no es descartable que
hubiera más hijos nacidos antes de 1724; figuran bautizados en La Puerta a 3
hijas más: Manuela en 1726; Antonia en 1730 y Ángela en 1733.
Fernando Alonso Rodríguez de
Noriega se casó con, Rosenda Rodríguez Rodríguez, natural de Lois. Fruto de
este matrimonio nacerían sus hijos Diego Alonso Rodríguez en 1745 y Manuel en
1748, fecha esta última en la que desaparecen de los registros de La Puerta.
Soy consciente que esta relación
de familias es algo pesada, quizás no es esta la mejor forma de relatarla, pero
hacer árboles genealógicos de estas familias es una tarea ardua y muy
complicada para llevar a cabo una sola persona (las Excel tampoco son una
herramienta muy útil para este trabajo); y por otra parte tener esta
documentación y no compartirla con los vecinos, que lo son, de La Puerta es
delito, así que cada cual y quien quiera haga su propio árbol genealógico..
Miguel A. Valladares Álvarez
sábado, 26 de noviembre de 2016
LA PUERTA Y SUS GENTES 1752.1987 (9)
LA PUERTA Y SUS GENTES 1752.1987 (9)
Trigésimo primera.-
Manuel Álbarez, de hedad de quarenta años, estado noble, casado con
María Díez, tiene por hijos a Manuel y María, menores. Exercicio labrador; su
jornal diario quatro reales. La utilidad de la madera siete.
Manuel Álvarez Álvarez, hijo de Francisco Álvarez y Catalina
Álvarez estaba casado con María Díez Puerta hija de Juan Díez y María de La
Puerta, todos naturales de La Puerta.
Fruto de este matrimonio nacieron Isidoro Álvarez Díez en 1745, que debió
fallecer prontamente ya que no figura en el Catastro; en 1747 nacía Manuel y en
1752 lo hacía María.
Manuel Álvarez Díez se casó con María González Fernández y
en 1780 nacía su hija Ana María Álvarez González. Tras enviudar se volvió a
casar con Francisca Burón Villarroel de Argovejo, y a la edad de 80 años, su
mujer 40, tuvo otra hija; Jerónima Álvarez Burón.
Ana María Álvarez González se casó con Manuel Díez González,
emparentando con la familia nº 16 de esta relación de familias de La Puerta.
Trigésimo segunda.-
Marcos Moreno, de hedad de treinta y dos años, estado general, casado
con Francisca Rodríguez, tiene por hijos a Francisco, Manuel y María, maiores,
Juan y Juana, menores. Exercicio labrador; su jornal diario quatro reales. La
utilidad de la madera siete. El jornal de sus hijos maiores dos reales cada
uno.
Marcos Moreno Díez, casado con
Francisca Rodríguez Álvarez, descendiente ésta del pueblo de Éscaro, hija de
Juan Rodríguez y Eugenia Álvarez. En este caso los registros no concuerdan
enteramente con los datos del catastro. En 1731 nacía su hijo Francisco Moreno
Rodríguez; un año más tarde, 1732, figuran bautizados en La Puerta Manuel y
Juana; en 1736 Manuela, que debió fallecer prontamente; en 1739 Juan; 1741 Catalina;
Domingo en 1743 y Manuela en 1748.
Manuel Moreno Rodríguez se casó con Marta Fernández Rojo de Carande
naciendo en 1769 María Moreno Fernández; en 1771 Francisca; Felipa en 1773;
Manuela en 1775; Valentín en 1777; Juan Manuel en 1778 y Juliana en 1782.
Manuela Moreno Fernández se casó
con Manuel Álvarez-Campo Prieto y fruto de este matrimonio nacieron en 1806
Teodora Álvarez-Campo Moreno; en 1810 Manuela Antonia y en 1816 Rosenda.
Teodora en 1836 tuvo una hija de soltera llamada Micaela Álvarez Moreno.
Su hermana Juliana Moreno
Fernández se casó con Francisco Carrera Díaz, natural de Besande, naciendo en
1821 su hijo Matías Carrera Moreno.
Manuela Moreno Rodríguez se casó con Vicente Sierra Domínguez,
natural de Riaño, en 1779 nacía su hija Cruza Sierra Moreno.
Juan Moreno Rodríguez se casó con Josefa Pérez González, naciendo
en 1780 su hijo José Moreno Pérez.
José Moreno Pérez se casó con
María Paniagua Fernández, natural de Éscaro. Ver familia 4ª de esta relación de
familias de La Puerta.
Trigésimo tercera.-
Miguel Alonso de Noriega, de hedad de veinte y seis años, estado noble.
Su exercicio secretario de número, la utilidad anual doscientos reales de
Vellón.
Miguel Alonso Rodríguez, hijo de
Marcos Alonso e Inés Rodríguez, no sabemos si lo de Noriega es su procedencia o
una simple errata. Su padre aparece apadrinando a un mozo en 1726, y alguna de
sus hijas Manuela en 1726, Antonia en 1730, Ángela 1733 nacen en La Puerta.
Otro hijo Fernando se casa con Rosenda Rodríguez Rodríguez de Lois, en 1745
bautizan a su hijo Diego, en 1748 a
Manuel, en 1750 a Francisco. Manuela se casó con Juan Moreno Díez (familia nº
17).
En cuanto a Miguel Alonso de
Noriega, éste se casó con Ana Álvarez Sánchez, natural de Burón; fruto de este
matrimonio nacerían en 1754 Agustín Alonso Álvarez y en 1757 Baltasara.
Baltasara se casó con Santiago
Álvarez Díez y en 1783 nacía Juan Bautista Álvarez Alonso y en 1787 Isidoro.
Juan e Isidoro se casaron con dos
hermanas de Éscaro; Juan con Micaela e Isidoro con Isabel Rodríguez Valbuena,
emparentando con la familia nº 18.
Miguel A. Valladares Álvarez
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