viernes, 15 de julio de 2016

NUESTROS VECINOS DE LOS BARRIOS DE ARRIBA Y SAN PEDRO


NUESTROS VECINOS DE LOS BARRIOS ARRIBA Y SAN PEDRO.

Como estoy al lado de casa Flora (también hay tienda, al entrar, a la derecha), aprovecho para comprar una bolsa de pipas y me intereso por el paradero de Pelayo, cuyo oficio de capador me despertaba cierta admiración y mucho respeto (“con éste hay que llevarse bien”). Ha ido a Éscaro, a operar.
Salgo y me voy corriendo hacia la preciosa casa (con sus exuberantes y variadas flores) de mi tía Paz; al traspasar la portillera percibo un olor muy agradable y familiar, está haciendo unas rosquillas buenísimas y me espeta: “siempre llegas en el momento más oportuno”. Mi tío Laureano está respanchingao en el escaño y me repite lo de siempre: “¿Qué pasa rosio?”. Haciendo un esfuerzo (pequeño) doy cuenta de dos dulces (tercer desayuno) junto con mi tío, el cual ya tiene excusa para zampar otro par de ellas, y luego me pide que le acompañe a darle agua al toro del pueblo (es el responsable de atenderlo).



En el trayecto vemos a Eusebio, “el cardenal”, sentado al sol en su sillón, delante de casa, y a su nuera, Lola, que se dirigía al famoso huerto (donde solíamos “coger sin permiso” alguna manzana) para tender un balde de ropa. Antes de arribar al toril, nos percatamos que Gundo está herrando una vaca en el potro y aprovecho para fijarme detenidamente en las maniobras y actuaciones: pasa el pujavante, la escofina, pone el callo, clava, etc. (cada poco la vaca se agita pero está bien sujeta, el herrador siempre reitera lo mismo: “cagüen crista”); entre tanto, pasa Eulogio, con su carretilla de metal (cargada de abono y la trenta pinchada); le preguntan al estilo lugareño: “¡Ehhhhhhhhh!, ¿ónde vas?” y responde: “a echarla en el abonero” (en El Regachín hay muchos montones y cada uno tiene su dueño, aunque no lo parezca).
De vuelta al recorrido, delante de la casa del señor cura, su padre (Hilario) se afana en cortar palos medianos y ello se explica por el agradable olor que proviene de la ventana pues la señora Lucrecia ya ha puesto en la lumbre el pote, para que la comida se haga lentamente.
Tomo la dirección hacia la cuadra de mi tío Francisco, para asomarme por el cuarterón con la intención de ver las vacas (era una costumbre de rapaces), y oigo a una mujer (Rosario, la de Eulogio) regañar a un hijo mayor porque estaba muy sucio (pisaría una boñiga o se caería en un charco, cosas normales de niños); sigo mi camino por la calleja de Alberto y delante de la casa de Melchor para acabar enfrente de la vivienda de Ambrosio y Emilio, donde ambos están cargando unos jatos en un pequeño camión. Aurora (esposa del segundo) supervisa las operaciones sosteniendo una cesta con huevos recogidos del gallinero.
Una vez finalizada la supervisión de las tareas de portes, reinicio mi ruta; ahora procede visitar, obligatoriamente, al afectuoso señor José, “el cestero”, que hallo concentrado en su oficio (solía ir a segar con mi padre y, tanto él como su mujer y ayudante, María, tenían un trato muy cariñoso con nosotros). Me quieren regalar un cesto recién hecho pero le explico que, para nuestra modalidad de pesca, son mejores los viejos ya que si se rompen (por aplastarlos y rozar con el fondo) no pasa nada (nadie nos reñiría); me indica que vaya a la cuadra y escoja uno entre todos los que almacena.
Desde el corral de “el cestero”, veo pasar a D. Antonio y pienso: igual va a dar misa, si le ayudo me gano unos céntimos y ya tengo para comprar alguna chupitaina. Echo una carrerina, le alcanzo y le ofrezco mis servicios como monaguillo; el señor cura me dice que no va a decir misa pero me encomienda una misión delicada: llevar “la Santina” a casa de Piedad. No me puedo negar a la petición de la autoridad eclesiástica (aunque no sea remunerada) y nos encaminamos hacia la iglesia, en animada charla y recibiendo buenos consejos: estudia mucho, pórtate bien, cumple los mandamientos, respeta al prójimo, etc.



Por el camino, encontramos a María (madre de Marina) lavando en el calce y al tío Quico, “el caminero”, el cual retorna de un paseo hasta el río (anoche llovió y calza madreñas, también porta el paraguas, por si acaso). A su lado, Félix y Pilar charlan relajadamente, como hacen aquí muchas personas cuando se encuentran. De esta escena hay una memorable prueba fotográfica.
Accedo al templo con D. Antonio y, en silencio, nos dirigimos a la sacristía, donde me comenta: “este edificio tiene mucho valor pero más las personas que acuden a rezar”; luego me entrega “la Santina” y una moneda de real (¡qué alegría!, ya no contaba con esta propina). Con mucho cuidado (el valor del objeto de veneración lo requiere), salgo de la iglesia e, inesperadamente, veo venir las vacas de Nati, que las arrea hacia su casa. Rápidamente, me escondo tras el muro hasta que se alejan (esta señora ha reñido con algún vecino y nos aconsejan mantener ciertas distancias). Reanudo mi delicada tarea de traslado y la culmino de casualidad, pues Piedad partía para Riaño, a comprar (no de compras).
Con la satisfacción del deber cumplido y a esta altura de la calle, decido visitar a mi abuela; en el trayecto avisto a Agapito y Emilia faenando en el huerto; ésta cava las patatas y aquél ara con la pareja, hace una parada al lado de la empalizada y, muy serio, me solicita que vaya delante de la vacas para que vayan por el surco; ante mi asombro, se echa a reír y le respondo: “otro día, ahora tengo mucha prisa”. Al mismo tiempo, oigo un sonido repetitivo: Julián pica la guadaña recostado en el suelo de su portalada; no muy lejos, Isolina parte leña con el hacha.

Jesús (el mediano de Toño y Enedina).

viernes, 8 de julio de 2016

LA CASILLA DE CAMINEROS DE LA PUERTA




LA CASILLA DE CAMINEROS DE LA PUERTA


      Antes de entrar en materia se hace preciso hacer una breve referencia a la historia de las Obras Públicas en España. En 1759 bajo el reinado de Fernando VI se pone en marcha las obras Públicas, se organizan al personal para los diferentes cometidos: Ingenieros, Celadores, Capataces y Peones Camineros, a estos últimos se les asigna un sueldo de cinco reales diarios además de proporcionarles casa.

Pero en realidad hasta 1761 no arranca la primera legislación sobre Obras Públicas, en ella quedan marcadas la pautas a seguir en materia de construcción y, mantenimiento, por cierto un fracaso este primer intento, la falta de una estructura clara en la organización y control de las obras llevó a estas a límites ridículos, los caminos los llevaba un Ministerio mientras que los puentes los llevaba el Consejo de Castilla, se dieron casos de edificar puentes por los que nunca pasó camino alguno y al revés, caminos que se quedaron sin puentes por donde se debía cruzar el curso del río.

      En 1794, a imitación francesa, se instruye una Ordenanza por la que se ponían en marcha los mecanismos para arreglar tal desaguisado, en ella se señalaba la necesidad de que cada carretera estuviera asignada a un facultativo, este contaría a sus ordenes con cierto número de Celadores, uno cada 10 leguas, que junto con los Peones Camineros, uno por legua construida, serían los encargados de conservar en buen estado las carreteras.

      La falta de recursos por un lado, dificultades para suministrarles materiales, de organización por otro, las labores de vigilancia eran escasas y dificultosas, hizo que el 27 de julio de 1803 se dictara orden de supresión tanto de Celadores como de Peones Camineros según fueran quedando sus puestos vacantes. Lo cierto es que a pesar de todo el 24 de mayo de 1824 se publica una instrucción en la que se dictan las principales reglas a seguir por los Peones Camineros en el desempeño de su labor dentro del mantenimiento de las carreteras, además entre 1840 y 1842 se amplió a dos los camineros por legua.

      En cuanto a Las Casillas, tema central de este artículo, una Real Orden de 26 de febrero de 1852 pone en funcionamiento la construcción de Las Casillas de los Peones Camineros, hasta enero de 1856 se habían construido un total de 72 Casillas de Peones Camineros por un importe total de 1.572,687 reales. Se edificaron en todas las carreteras generales y se hizo extensivo más tarde a las denominadas transversales. La Real Orden del Ministro de Fomento dicta que cada una deberá tener dos viviendas, su distribución y ubicación. En su punto segundo ordena se adopte la regla de colocar la correspondiente a cada legua hacia el centro de ella; pero si coincidiese dicho paraje con algún pueblo, se podrá excusar la casilla correspondiente. En el tercer capítulo señala que también deberá tenerse en cuenta, para la oportuna situación de las casillas, la proximidad de agua cuando se pueda conciliar esta circunstancia con las demás que se han mencionado, y, caso contrario, se propondrá la apertura de un pozo.

      En nuestra Comarca contabilizamos un total de 19 Casillas de Camineros, a tenor de su construcción podemos establecer dos tipos distintos de edificación, las primeras levantadas, las situadas en las carreteras generales presentan en su mayoría edificaciones de una sola planta con dos viviendas y corral trasero; mientras que las construidas en una segunda fase en las carreteras transversales predominan las casas de dos plantas, en la que la parte inferior hace las veces de establo.



Vista trasera de La casilla de La Puerta desde Los Cotorros.

      La Casilla de Camineros de La Puerta, situada en el kilómetro 2 de esta carretera, es una de las mejor documentadas. Su construcción data de 1893, estaba edificada en el término de Puntaniella, junto al arroyo de San José. El complejo contaba con casa, corral y huerta. La casa era de una sola planta con dos viviendas, desde un pequeño portal se pasaba a las cocinas, a derecha e izquierda, y desde estas a las dos habitaciones de las que disponía cada vivienda.

El corral, completamente cerrado, estaba situado tras la vivienda y disponía de dos accesos, uno desde el portal de la vivienda y otro a través de un portón de grandes dimensiones situado en la parte trasera del complejo, en su interior contaba con una pequeña cuadra para el ganado a un lado y portalada para guardar los aperos al otro. Adosada a uno de los costados de la Casilla estaba la huerta, esta era de grandes dimensiones y contaba además con árboles frutales, un membrillo, un peral, un manzano y dos ciruelos, en otro rincón se había excavado un pozo para el servicio de la casa, toda ella disponía de un cierre.

       El primer Caminero documentado en La Puerta es anterior a la construcción de La Casilla, sin duda fue un operario que participó en la construcción de la carretera que hoy conocemos como N-621; se trata de Lorenzo Huerta Espeso, natural de Arenillas de Valdelafuente, casado con Valentina Alonso Boletos,  natural de Pozuelo del Rey en Palencia. En La Puerta nació su hija María Rosario en 1886 que, más tarde, se casaría con otro Caminero que sí habitó en La Casilla como más adelante veremos.

  El inicial inquilino de esta Casilla de Peones Camineros fue Román González Antolín, soltero, y del que más adelante volveremos a hablar, ya que más tarde se casaría con una vecina de La Puerta y serían padres de otro Caminero que también ocupo La Casilla.


El Caminero Román González Antolín y su mujer Valentina Merino Martínez, nacida en La Puerta


También en torno a 1893 está documentado Pedro Calle, nacido en Bustillo del Páramo, aunque su madre descendía de Polvoredo, los datos apuntan a que este ya estaba de Caminero en La Puerta desde al menos 1891, ya que en esa fecha bautiza en el pueblo a su primera hija, dos años más tarde bautizaría a la segunda. Lo que desconocemos es si Pedro Calle y Román González compartieron habitáculo o si La Casilla tan sólo tuvo un orante a pesar de contar con dos viviendas.

Entre 1905 y al menos 1910, posiblemente hasta 1916, habitan La Casilla Bonifacio Valderrey Quiñones, Capataz de Camineros, natural de La Bañeza y Rafaela García de Puente Castro, su esposa; aquí nacen cuatro de sus hijos: Maximino (1905), Toribio (1907), Mauricio (1908) y Braulio (1910).

En 1916 la habita Felipe Andrés, Peón Caminero, natural de Pedrosa del Rey, casado con Fidela Sierra de Riaño, en esta Casilla nace su hija Ángeles Dorotea Andrés Sierra.

En 1919, y hasta 1923, residían el ella Leandro Huydobro Rodríguez,  natural de Melgar y su esposa María Rosario Huerta Alonso, que como hemos anotado anteriormente era hija del primer Peón Caminero de La Puerta, aquí nacieron sus hijos: Vicenta en 1919, Hemeterio en 1920 y Aureliano en 1922.

Entre 1921 y 1923 está documentado Felipe de Prado Manzanedo, Capataz de Camineros, casado con Verónica Rodríguez, ambos naturales de Soto de Valderrueda. Dos de sus hijos Atanasio (1921) y Engracia (1923) nacen en La Puerta. Todo parece indicar que Felipe y Leandro Huydobro compartieron la vivienda, aunque el testigo al siguiente inquilino se la dio Leandro.


  En el periodo comprendido entre 1923-1931 aparece habitando La Casilla Pablo González Merino, casado con Modesta García Salam ambos de Mazuecos de Valdeginate en la provincia de Palencia. Llegaban trasladados desde Lérida. Para Pablo no fue un destino desconocido, de hecho su padre Román González Antolín, mencionado anteriormente, ya residió en esta Casilla, en donde se casó con Valentina Merino Martínez, nacida en La Puerta y posiblemente hija de otro Caminero que vivió en La Puerta.

Pablo tenía dos hijas: Maximina y Aurea, esta última más tarde se casaría con otro Peón Caminero, Francisco Álvarez Díez, Quico el Caminero. Pablo González tocaba la guitarra y durante su estancia en La Puerta la hila que tenía lugar en La Casilla fue de asistencia numerosa y animada.



Pablo González Merino con su hija Maximina.

Desde mayo de 1931 hasta 1962, fecha de su jubilación, estuvo habitada por Francisco Álvarez Díez, Peón Caminero,  natural de La Puerta, casado con Áurea González nacida en Mazuecos de Valdeginate e hija del anterior inquilino y Capataz Pablo González, aquí nacieron algunas de sus hijas Milagros (1933), Gela (1937)  y Modesta (1942), el tío Quico, como se le conocía, venía trasladado desde la Casilla de Las Salas en donde estuvo desde 1925 hasta mayo del 31, allí nacieron sus hijos; Teresa, Pedro, Sagrario y Laudelina.

Durante todo el tiempo que la habitó Quico "El Caminero", La Casilla careció de los servicios mínimos, ni agua, ni luz, y por supuesto sin más servicio que la cuadra. No fue hasta la llegada del siguiente inquilino cuando se llevó la luz hasta ella. La cocina "economica", la Eibarresa, por aquello de donde procedían la mayoría, no llegó hasta la década de los 50.


La Casilla fue área de descanso y de refugio de gentes que transitaban desde otros pueblos carretera arriba y abajo, fue igualmente asistencia en carretera, ya que de su cuadra salieron vacas que fueron uncidas ante la indisposición de alguna unidad de la pareja de gentes de otras localidades. Fue el faro para aquellos que en los tiempos trágicos de la Guerra Civil salían del norte huyendo y seguían la línea de la eléctrica de Pio y se perdían, ni les faltó un trozo de pan ni agua. Fue asimismo abrigo de quienes les buscaban, la Guardia Civil, tenía preferencia de resguardo ante las inclemencias del tiempo...y de la desgana. Fue también escondite, al menos por un día, de algún vecino de Riaño al que se le buscaba...y no con buenas intenciones. En fin Las Casillas cumplían con otros cometidos además de servir de viviendas a los Peones Camineros.



 A la puerta de La Casilla: en el centro de pie, Áurea González, su madre Modesta García y Pedro Álvarez. De rodillas a la dcha Francisco Álvarez, el caminero; y las niñas Milagros y Ángela Álvarez.

 Cruz Benedicto González de Portilla de la Reina Capataz de Camineros, casado con Soledad Compadre también de Portilla, fueron los últimos habitantes de esta Casilla entre los años 1964 y 1975 trasladándose después a la de Riaño. A mediados de los 80 y ante el peligro de derrumbe se optó por demolerla y sus materiales aprovechables fueron vendidos.  


Miguel Ángel Valladares Álvarez




domingo, 3 de julio de 2016

sábado, 2 de julio de 2016

LA PUERTA Y SUS GENTES 1752-1987 (3)

 FAMILIAS DE LA PUERTA 1752-1987



En el post anterior dedicado al desarrollo de las familias de La Puerta desde 1752 (Catastro de Ensenada) hasta la desaparición del pueblo en 1987 me había quedado en la familia 9 de las 41 que el citado Catatro recoge. Hay familias que se cortan y desaparecen y ello es debido a varios factores, por un lado la simple falta de descendencia, igualmente mucha gente emigró, tanto dentro de la península como en el extranjero; por otra parte son muchos los que se casaron en otros pueblos vecinos, y no podemos olvidar que el índice de mortalidad (tanto en nacimientos como a la hora de dar a luz y los antibióticos llegaron tarde), era alto en el siglo XVIII y XIX, aunque paulatinamente fue descendiendo.


Otro aspecto importante, que se verá a través de los artículos relacionados con este tema, ademas del emparejamiento con los pueblos cercanos, es que al final todos o casi todos somos familia, unas veces cercana y otras más lejana.





Por último añadir que si alguien relacionado con estos trabajos sobre las personas nacidas en La Puerta, y su genealogía, considera en la parte que le correspondese, irrespetuoso o inadecuado, este sería retirado inmediatamente.


El décimo.-
A.- Juan Gutiérrez Álvarez  de 38 años casado con Rosa Álvarez Pérez, que en 1752 tenía 2 hijos: Manuel y Josefa. Rosa estuvo casada en primeras nupcias con Domingo Díez del Blanco Moreno, con el que había tenido los hijos referidos: Manuel en 1744 y Josefa 1947. A estos se sumaron los hijos del nuevo matrimonio: Pedro Gutiérrez Álvarez 1753; Gerónimo 1754 (A1); Alejandro 1759 (A2): María en 1762 y Rosa en 1766.

A1.- Gerónimo Gutiérrez Álvarez se casó con Bárbara Canal Martínez de Vegacerneja, fruto de este matrimonio nacieron en La Puerta sus hijos Francisco Antonio Gutiérrez Canal 1778; Juan Antonio 1779 (A1.1) y Mª Manuela 1782.

A1.1.- Juan Antonio Gutiérrez Canal se casó con Manuela Ibáñez Presa de Riaño y tuvieron, según los registros, 5 hijas: Josefa 1817; Damiana 1818; Leandra 1821; Victoria 1822;  Mª Victoria 1825 (A1.1.1) y María en 1830 (A1.1.2).

A1.1.1.- Mª Victoria Gutiérrez Ibáñez  se casó con Miguel Villarroel y tuvieron 3 hijos: Isidora en 1849; Benardina 1852; Ruperto en 1855 y Juana 1874. No vuelven a aparecer en los registros de La Puerta

A1.1.2.- María Gutiérrez Ibáñez se caso con Lorenzo Miguel Fuente, de Riaño y tuvieron 3 hijos; Vicenta en 1857; Manuel  Miguel Gutiérrez en 1859, que murió prontamente y Manuel en 1864. No vuelven a aparecer en los registros de La Puerta.

A2.- Alejandro Gutiérrez Álvarez se casó con Ana Mª Valbuena Rubio de Éscaro, que tienen registrados 2 hijos en La Puerta: Francisco Matías Gutiérrez Valbuena en 1794 y Mª Manuela en 1795. No vuelven a aparecer en los registros de La Puerta.

Undécimo y duodécimo.-

El undécimo y el duodécimo tienen la misma historia; Isabel Gutiérrez, Manuel, Lucas y Teresa eran hermanos, y huérfanos, hijos de Pedro Gutiérrez Alonso e Isabel Álvarez Alonso. No confundir con el ya mencionado 8º vecino que tanto él como su padre se llamaba igual, el padre casado con Francisca Álvarez y el hijo con Agustina de la Fuente.
Pedro Gutiérrez Alonso e Isabel Álvarez Alonso, ya fallecidos antes de 1752, tuvieron 8 hijos: María en 1727; Manuel, el duodécimo, Manuel Gutiérrez Álvarez, 1729 (B3); Lucas 1731; Baltasar 1734; Isabel, la undécima, 1738. Con su padre casado en segundas nupcias con María González Borregan, natural de Prioro, tuvo a Francisco 1739, y por lo que vemos Teresa que, no aparece registrada en los nacimientos de La Puerta, probablemente nacida en Prioro, y de la que no volvemos a tener referencias.
B3.- Manuel Gutiérrez Álvarez se casó con Manuela Solares Allende y tuvieron 3 hijas: Isabel en 1763; Antonia en 1766 y Manuel en 1772.
Esta familia desaparece en cuanto a registros de La Puerta, siendo 1772, la última fecha en la que aparecen.

Décimo tercero.-
Juan Ibáñez, de 40 años, y casado con Catalina Prieto, pese a este dato que figura en el catastro, en los registros aparece como Juan Álvarez Campo, casado con Catalina Prieto, que según el catastro tenían 4 hijos, como igualmente figura en los registros: Francisco (A1) y Antonia (A2) nacidos en 1735;  María 1740 (A3) y Manuela en 1742 (A4)

A1.- Francisco Álvarez Prieto se casó con María Prieto Olmo, natural de Carande, y tuvieron 3 hijos: Francisca Álvarez Prieto, 1766; Estéfana 1767 y Manuel 1772 (A1.1).

A1.1.- Manuel Álvarez Prieto se casó con Manuela Fernández Moreno, natural de Carande, y como consecuencia de este casamiento nacieron: Petra Álvarez Fernández en 1799 e Ignacio en 1819, esta familia desaparece de los registros.
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A2.- Antonia Álvarez Prieto se casó con Alonso Rodríguez González, matrimonio que trajo al mundo 13 hijos; Fernando (o Francisco) Rodríguez Álvarez en 1759 (A2.1) ; Manuel 1760; Juan 1762; Romualdo 1763; José 1765 (A2.2); Margarita 1766, que falleció prontamente; Margarita 1768 (A2.3); María 1769; Antonia 1770; Simón 1773; Teresa 1775; Mª Francisca 1775 (A2.4); y Gregorio en 1780.

A2.1.- Francisco Rodríguez Álvarez se casó con Inés González García y nacieron: Juan Antonio Rodríguez González en 1784 (A2.1.1); José en 1787 y Petra en 1791.

A2.1.1.- Juan Antonio Rodríguez Álvarez se casó con Inés Burón Sierra, natural de Riaño. Tuvieron 9 hijos registrados en La Puerta: Petra Rodríguez Burón en 1813 (A2.1.2); Gertrudis en 1815 (A2.1.3); Romualdo en 1817; Francisco en 1819; Inés 1821, falleció prontamente; Mª Manuela 1825; Inés en 1827; José Deogracias 1830 y Mª Teresa 1833.

A2.1.2.- Petra Rodríguez Burón se casó con José Alonso Pendones, natural de Oseja de Sajambre. Fruto de este matrimonio nacieron Benardino en 1838, falleció prontamente; un segundo Benardino en 1842; Mª Dolores en 1846; Ceferina en 1849, Antonio en 1852 y Manuela en 1855.

A2.1.3.- Gertrudis Rodríguez Burón se casó con Juan Fernández Pérez, emparentando con la familia Nº 4, naciendo fruto de este matrimonio: Juan Antonio 1844; Fidel 1846; Mª Magdalena 1848 (A2.1.3.1); Mª Antonia en 1852 y Edubiges en 1854.

A2.1.3.1.- Mª Magdalena Fernández Rodríguez se casó con Baltasar Alonso Díez de Riaño y tuvieron 7 hijos: Eugenio 1874 (A2.1.3.1.1); Faustina 1876; Sotero 1878 (A2.1.3.1.2); Juliana 1881; Pablo 1883, murió a los 14 meses; Paula  y Petra en 1885; Fidel en 1889 y Macaria en 1892.

A2.1.3.1.1.- Eugenio Alonso Fernández se casó con Anselma Álvarez Mancebo y de este matrimonio nacieron: Saturnino Alonso Álvarez en 1897; Anselmo en 1901; Emeterio en 1902; Eusebio en 1904; Genoveva en 1908; Julia en 1910; Donato en 1913; María en 1916; Piedad en 1918, murió a los 8 meses, y Alberto en 1920 (A2.1.3.1.1.1).

A2.1.3.1.1.1.- Alberto Alonso Álvarez se casó con Mª Pilar Pérez Casado de Vegacerneja, de los que nacieron Ángel Anselmo Alonso Pérez en 1964 y Alberto en 1965.

A2.1.3.1.2.- Sotero Alonso Fernández se caso con Petra Álvarez Canal y tuvieron una hija: Enriqueta en 1904.

A2.2.- José Rodríguez Álvarez se casó con Sebastiana González Ponga, natural de Las Salas. Tuvieron 3 hijos bautizados en La Puerta: Mª Josefa Rodríguez González 1799; Isidoro 1801 y Juliana en 1804, ninguno de sus hijos tienen registrados hijos en La Puerta.

A2.3.- Margarita Rodríguez Álvarez, tuvo de soltera a Mª Josefa Rodríguez Álvarez. nada más se sabe de ellas respecto a los registros del pueblo.

A2.4.- Mª Francisca Rodríguez Álvarez, al igual que su hermana tuvo de soltera a Paula Rodríguez Álvarez. Posteriormente se casó con Tirso Alonso Alonso natural de Anciles y  desaparecen de los registros de La Puerta.
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A3.- María Álvarez Prieto se casó con Juan Antonio Alonso Alonso 1792, natural de Pedrosa del Rey, y tras bautizar una hija en 1763, María Alonso Álvarez, desaparecen de los registros de La Puerta.
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A4.- Manuela Álvarez Prieto se casó con Mateo Díez Espina Díez, viudo y fruto de este casamiento nacieron Manuel Díez Espian 1776; Celedonio Díez-Espina Álvarez en 1778; Polonia en 1779 (A4.1); Cayetana en 1782 (A4.2) y Catalina en 1784 (A4.3). A estos hay que sumar a Manuel Díez-Espina, fruto del primer matrimonio de Mateo con Margarita Díez Alonso de Valbuena del Roblo.

 A4.1.- Polonia Díez Álvarez se casó con José Moreno (4ª familia) que había enviudado y tuvieron 2 hijas: Florentina Moreno Díez en 1817 y Antonia en 1819.

A4.2.- Cayetana Díez Álvarez se casó con Manuel Díez Díez de Riaño, teniendo registradas dos hijas: Rosa Díez Díez en 1817 y Ana María en 1821.

A4.3.- Catalina Díez Álvarez se casó a su vez con Pedro Hoz Allende, natural de Burón, y fruto de este matrimonio fueron naciendo: Ana Mª Hoz Díez en 1816 (A4.3.1); Juana en 1817 (A4.3.2); Francisco en 1819, que falleció prontamente; Pedro en 1823; Rosa Mª en 1826 y Francisco en 1828 (A4.3.3).

A4.3.1.- Ana María Hoz Díez se casó con José Rodríguez Valbuena, viudo de Petra Pedrosa y en 1856 nació Higinio. José Rodríguez Valbuena había tenido con Petra Pedrosa a Isidoro Rodríguez Pedrosa en  1837; Simón en 1842 (A4.3.1.1)  y Paula en 1847 (A4.3.1.2).

A4.3.1.1.- Simón Rodríguez Pedrosa, natural de Éscaro se casó con Segunda Suero Valbuena, también de Éscaro, fruto de este matrimonio nacieron en La Puerta en 1883 Modesta Rodríguez Suero Pedrosa, y Eusebio ("El Cardenal") en 1894 (A4.3.1.1.1). En Éscaro había nacido Victoria Rodríguez Suero (A4.3.1.1.2)

A4.3.1.1.2.- Victoria Rodríguez Suero se casó con Celestino Domínguez Presa. De este matrimonio nacieron; Román Domínguez Presa en 1925; Encarnación en 1930 y Mª Daria en 1935. Además de estos Joaquina; Simón y Segunda nacieron en Niágara Falls, Estado de New York, EE.UU.


Celestino Domínguez Presa en EE.UU.
A4.3.1.1.1.- Eusebio Rodríguez Suero se casó con Rufina Álvarez Díez y nacieron: en 1930 Julita, que falleció a los 3 meses; Fortunato, "el rabelero" en 1931; Demetrio en 1932 y Segundo "Gundo" en 1935 (A4.1.1.1.1).



A4.3.1.1.1.1.- Segundo Rodríguez Álvarez se casó con María González Fernández, natural de Prioro. Fruto de este matrimonio nacieron: María Teresa en 1961; Demetrio en 1962; Pedro en 1963 y Manuel Ignacio en 1967.


Demetrio Rodríguez González, para algunos siempre será Metrines.

A4.3.1.2.- Paula Rodríguez Pedrosa se casó con Tomás Rojo Valbuena, viudo y natural de Riaño. De este matrimonio nacieron 10 hijos:  Fructuoso Rojo Rodríguez 1873; Paula 1877: Margarita 1878; Cipriano 1879; Facundo 1880; Simón 1881; Estefanía 1882, que falleció prontamente; Pedro 1883; Macario 1884 y Estefanía Guadalupe en 1886, que falleció a los 16 días de nacer. Tomás Rojo estuvo casado en primeras nupcias con María Álvarez, con quien en 1866 tuvo a Fidel Rojo Álvarez, que falleció en 1892 (A4.3.1.2.1).

A4.3.1.2.1.-Fidel Rojo Álvarez se casó con Mª Antonia Díez Domínguez y de este matrimonio nacieron; Mª Rosario Rojo Díez en 1891 (A4.3.1.2.2) y Socorro en 1893 (A4.3.1.2.3).

A4.3.1.2.2.- Mª Rosario Rojo Álvarez tuvo a Fabriciano César Rojo (A4.3.1.2.2.1), casándose posteriormente con Nemesio Valladares Alonso, natural de Riaño. De este matrimonio nacieron: Emilia Valladares Rojo en 1922; Pedro en 1923, murió a los 9 años; Julián en 1925; Fidel en 1926; Araceli en 1928; Inés en 1930, falleció a los 6 años, y Zósimo en 1931 (A4.3.1.2.2.2).

A4.3.1.2.2.1.-  Fabriciano Rojo Díez se casó con Eloísa Ruidíaz Rodríguez, natural de Cangas de Onís. Fruto de este matrimonio nacieron Mª Antonia Rojo Ruidíaz en 1945 y Mª Isabel, Toñi, en 1946.

A4.3.1.2.2.2.- Zósimo Valladares rojo se casó con Oliva Álvarez Díez, y registradas en La Puerta están sus hijas Mª Araceli Valladares Álvarez nacida en 1951 y Ana María en 1953.


De Izq. a dcha.: Zósimo Valladares Rojo; Oliva Álvarez Díez; Nemesio Valladares Alonso; Mª Rosario Rojo Álvarez; y las niñas Ana María Valladares Álvarez a la izq. y Araceli Valladares Álvarez a la dcha.

A4.3.1.2.3.- Socorro Rojo Álvarez se casó con Félix Álvarez Díez y tuvieron   hijos: Mª Felicidad Álvarez Rojo en 1909, que falleció prontamente; otra Mª Felicidad en 1916 (A4.3.1.2.3.1); Mª Natividad en 1921; Esther en 1924, falleció a los 3 meses; Digna en 1925, falleció con un mes; otra Esther en 1927; Elpidio en 1929 y Fabio en 1933.



Elpidio Álvarez Rojo

A4.3.1.2.3.1.- Mª Felicidad Álvarez Rojo se casó con Onésimo Suero Álvarez, dos de sus tres hijos están registrados en La Puerta: Félix Domingo Suero Álvarez, nacido en 1949 y Juan José en 1950.


Mª Felicidad Álvarez Rojo; Onésimo Suero Álvarez con Felíx Domingo Suero Álvarez y Juan José Suero Álvarez en brazos, en el corral de casa de los Sueros.

A4.3.2.- Juana Hoz Díez se casó con Pedro Canal Moreno, naciendo en 1845 Petra Canal Hoz (A4.3.2.1). Tras enviudar se casó con Francisco Álvarez Rodríguez, naciendo en 1854 Pedro Álvarez Hoz.

A4.3.2.1.- Petra Canal Hoz, o De La Hoz, se casó con Vicente Álvarez García, natural de Riaño. Registrados en La Puerta están sus hijos:Rosenda Álvarez Canal en 1870 ; Antonio 1873; Anastasio 1876; Petra 1878 (A4.3.2.1.1); Julián 1880; Miguel Nemesio 1881; Tomasa 1883; Fausta 1885 y Ascensión en 1887 (A4.3.2.1.2).

A4.3.2.1.1.- Petra Álvarez Canal se casó con Sotero Alonso Fernández, emparentando con la familia Nº 4. En 1904 nació Enriqueta Alonso Álvarez.

A4.3.2.1.2.- Ascensión Álvarez Canal se casó con Teodoro Álvarez Mancebo y en 1915 nació Vicente Víctor Álvarez Canal; Mª Rosariol en 1917 y Mª Ángela en 1919.

A4.3.3.- Francisco Hoz Díez se casó con Bernarda Álvarez Presa, natural de Riaño y tuvieron 4 hijos: Anastasio 1856; Martina  y Eugenia 1859, estas gemelas, y Fernando 1864.


MIGUEL A. VALLADARES ÁLVAREZ