viernes, 11 de noviembre de 2016

LOS JUEGOS EN LA PUERTA: PICALVO EN TIERRA...


PICALVO EN TIERRA…

Estoy desayunando junto a mi hermano mayor y el gato, que deambula por debajo de la mesa miagando suavemente; aparece mi padre para indicarnos que tenemos tarea: picar un montón de salgueras amontonadas en la portalada. Acto seguido nos pusimos a ello para acabar pronto y dedicar el resto del día a nuestras andanzas por La Puerta. De repente, se acercan varios amigos solicitando que vayamos a jugar con ellos pero les explicamos que debemos cumplir nuestro encargo paterno. Inmediatamente, todos se implican para finalizar cuanto antes: Manolín y Metrines cogen la sierra y van cortando los troncos sobre el caballete, Javi separa las salgueras del montón y las acerca a los cortadores con hacha (Michel y yo); Enrique y Alfredín colocan los troncos en la rimera. Mientras saca las varas, mi primo Javier percibe la forma del picalvo en una de ellas y nos propone hacer uno para jugar después; me pasa la rama, corto el trípode y siete palos, uno para cada jugador.

Finalizada la tarea nos dirigimos al campo de juego habitual, situado entre el inicio de la calle (línea de lanzamiento) que parte enfrente de la casa de mi tía




Carmen y la entrada a la cuadra del tío Benito. A la derecha, aguanta en pie medio muro, en ruinas, que contiene la invasión del estiércol procedente de los aboneros que se acumulan al otro lado; al final, se eleva un palenque que sirve de protección al picalvero. A la izquierda se halla la pared de la portalada de Eusebio (con un ventanal, apropiado para espectadores y a su altura se traza la primera línea de la zona del picalvo) y a continuación la tapia que conforma el cierre del corral del establo referido; al final de esa pared se marca la segunda línea de la zona del picalvo).  

Por el camino, nos cruzamos con Vicente, Ramón y Anselmo, los cuales, enseguida se apuntan al juego; le digo a mi hermano que vayan a nuestra portalada y cojan unos palos de la rimera. Al pasar por delante de la casa de Metrio, encontramos una pitera apropiada, separando la piel de la suela de un zapato viejo abandonado entre las ortigas.

Yo me ofrezco para quedarme de picalvero y trazo las líneas de la zona del picalvo y el círculo donde colocarlo (se dibuja girando el trípode sobre una pata, a modo de compás). Me sitúo detrás del palenque protector (a la derecha, al final del muro) y mis amigos comienzan a lanzar sus palos. Les recuerdo que para pasar entre las líneas, el trípode debe estar caído o alguna de sus partes fuera de su círculo (puede ocurrir que se desplaza pero no cae) y en otros casos hay que arriesgarse para triunfar.

Enseguida, acuden otros chavales (Joseale, Tinín, Paquito, Toti, etc.), también ninas (Maribel, Carmina, Maite, Rosana, Belén, etc.), de diversas edades (Luismi, Pedrito, Albertín, Pacita, Engracia, Ana Carmen, etc.) y estaturas, que desean participar (por norma, el nuevo jugador debería quedarse de picalvero pero renuncio a ese privilegio porque quiero pillar a uno de los chicos mayores); aceptamos a todos y es curioso cómo se ponen a rebuscar, cada uno, su palo de lanzamiento en los leñeros próximos. Algunos eligen unas estacas exageradas (¡qué atorrantes!) y los chavalines se deciden por unos palines demasiado frágiles (en caso contrario no alcanzarían el objetivo).

Los palos volaban por el espacio aéreo o se arrastraban por el suelo, el picalvo saltaba por los aires, salía despedido o se desplazaba ligeramente; cada vez que sucede, el autor debe gritar: “picalvo en tierra, picalvero de la mierda”. Como picalvero acudo raudo a pinarlo o recolocarlo, los jugadores traspasan las líneas de la zona (unos para “arriba” y otros para “abajo”) y estoy muy atento para lanzar la pitera (al que le dé, se queda de picalvero). En una ocasión se la tiro a mi primo Toño, el cual se agacha y la suela, tras superar la tapia, acaba en el abonero de su abuelo; esto es una faena ya que el tiempo invertido en recogerla y limpiarla permite que todos los jugadores regresen tranquilamente a la línea de tirar.



El siguiente juego se puso muy interesante pues nadie consigue derribar el calvo; ahora hay que arriesgarse a traspasar las líneas sin ser cazado, provocando al picalvero; unos me tientan por el lateral derecho (arrimados al muro) y otros por el izquierda, hasta que el gocito de Veyo intenta el acto triunfal (evitar el proyectil con un requiebro, un engaño, etc.) pero tiene mala suerte: al iniciar la carrera pisa una moñiga y cae al suelo, recibiendo al mismo tiempo dos golpes: la morrada y el piterazo. Se reincorpora tranquilamente, pasa la mano por sus rodillas para quitar el polvo y las piedrinas adheridas, se frota las manos y… que no pare el juego.

Los jugadores respetan ciertos códigos no escritos, como que los mejores lanzadores lo hacen al final (es la manera de “salvar” al resto) o que los más hábiles intentan engañar al guardián; pero el picalvero también tiene sus trucos para sorprender a los jugadores: tirar a la remanguillé, hacerse el distraído, espera al más torpe, etc.

Al final, hemos jugando hasta la hora de comer, incluso algunos mayores, que pasaron por allí, nos suplicaron que les dejáramos hacer un lanzamiento (se nota que lo añoran) y se permitían darnos alguna lección o consejo (aunque fallaran). 


Jesús (el mediano de Toño y Enedina).

domingo, 30 de octubre de 2016

LA PUERTA Y SUS GENTES 1752-1987 (7)

LA PUERTA Y SUS GENTES 1752-1987 (7)



Continuando con nuestra relación de gentes que habitaron en La Puerta entre 1752, año en el que se elaboró el Catastro de Ensenada, hasta la desaparición del pueblo, hoy nos toca empezar con la familia nº 24.

Con esta familia hay un pequeño problema, ya que las anotaciones del Catastro no coinciden con las de los registros. Tras estudiar minuciosamente el problema, el nombre de los padres, otros vecinos que vivieron en la misma épocael de los hijos, el problema reside en el cambio de apellido de los padres; así el padre figura bien con su primer apellido, mientras que su esposa María figura como Alonso como primer apellido, cuando en realidad este apellido es el segundo de su marido, siendo los apellidos con los que figuran en los registros González del Blanco, igualmente ocurre con el tercer hijo que figura en el Catastro, en el que figura como Alonso, cuando en realidad su nombre en el registro es Alfonso. Así pues primeramente enunciaremos la transcripción del Catastro y seguidamente la de los registros.

Vigésimo cuarta.-

Francisco Rodríguez, de hedad de cinquenta y quatro años, estado noble, casado con María Alonso, tiene por hijo a Francisco, maior y a Alonso, menor. Exercicio labrador, su jornal diario quatro reales, el de su hijo maior dos. La utilidad annual en la madera siete.

Según el registro:

Francisco Rodríguez Alonso, casado con María González del Blanco; el descendía de La Puerta, hijo de Romualdo y Josefa. María era  hija de Juan, natural de La Puerta y por parte de madre, Isabel, de Éscaro. El primogénito Francisco Rodríguez González nació en 1732; en 1734 tuvieron su segundo hijo que, en los registros figura sin nombre [Sin] Rodríguez González Alonso Blanco, éste debió fallecer prontamente. En 1735 nace Alfonso. Aparte de estos hijos que se mencionan en el Catastro Francisco y María tuvieron más hijos, y de no figurar en el Catastro, es de suponer que fallecieran antes de la elaboración del mismo. En 1740 nace su hija Ana y tres años más tarde, 1743, Isabel.
Su primogénito, Francisco se casó con Margarita García Gómez de Palacio, descendiente de Posada de Valdeón, y en 1758 tuvieron a Margarita Rodríguez García, siendo está la última referencia que de ésta familia consta en los registros.





Vigésimo quinto.-

Lucía Rodríguez, viuda, tiene por hijos a Francisco, Agustina y Manuela, maiores, el jornal de el hijo maior dos reales.

Lucía Rodríguez estuvo casada con Manuel de la Fuente; en 1725 nacia su primera hija, que según los registros figura como Mara Fuente Rodríguez; en 1729 su segunda hija Manuela y en 1732 su hijo Francisco. 

Agustina, que figura en el Catastro como, hija, no aparece en los registros de nacidos en La Puerta, dos posibles causas de este silencio documental: que el nombre de Mara, por su rareza, pudiera ser un error del mismo,  o que  ésta hubiera nacido en Éscaro, de donde era natural su madre. Lo cierto es que Agustina sí figura casada y con hijos bautizados en La Puerta. 

Agustina Fuente Rodríguez se casó con Pedro Gutiérrez Álvarez y en 1751 nacía Valentino Gutiérrez Fuente, Lorenza (1757) y Lucía en 1763.

Su hijo Valetino se casó con Inés Pérez Presa, natural de Riaño y fruto de este matrimonio nacieron en La Puerta: Mª Francisca Gutiérrez Pérez en 1780; Tomasa en 1783; Matias en 1785; Víctor en 1778 y Pedro en 1792. Fecha esta última en la que desaparecen de los registros de La Puerta.

En cuanto a Francisco Fuente Rodríguez, hijo de Manuel y Lucia, y hermano de Agustina, se casó en primeras nupcias con María Fernández, natural de Carande, con la que tuvo 7 hijos: Juan Manuel Fuente Rodríguez en 1757, Lorenzo 1758; Francisco 1760; María 1761, ésta falleció prontamente; María 1763; Lucía 1766 y Águeda en 1769. En segundas nupcias se casó con Manuela Solares Allende con la tuvo otras dos hijas más: Marta en 1774 y Manuela en 1778.

    De estos sólo Lorenzo y María figuran con descendencia en La Puerta. Lorenzo Fuente Fernández se casó con María González Álvarez, fruto de cuyo matrimonio nacieron Mª Antonia Fuente González en 1793; Cristina 1796; Manuela 1799; Domingo 1803 y Francisca en 1806.
Mª Antonia, la única que sigue apareciendo en los registros, se casó con Pedro Pedrosa Moreno, natural de La Una, y tuvieron dos hijos: Mariano Pedrosa Fuente en 1825 y Gregorio en 1827.
    Mariano Pedrosa Fuente a su vez se casó con María Rodríguez Álvarez y son 5 los hijos que figuran bautizados en La Puerta: Eufrasio Pedrosa Rodríguez en 1854; Benito en 1855; Mateo en 1857; Leonardo en 1858 y Martina en 1862. Sólo Leonardo continua apareciendo en los registros, tras casarse con Antonia Domínguez Valbuena, natural de Vegacerneja, fruto de cuyo matrimonio nacieron: Camilo Pedrosa Domínguez en 1896; Eugenio en 1897; Rufino en 1898; Florentino en 1901; Pedro en 1903 y Domitila en 1908, ésta última falleció en Rosario (Argentina) con más de 100 años de edad.


Por parte de María Fuente Fernández, hermana de Lorenzo, ésta se casó con Manuel Moreno Alonso, viudo, que anteriormente estuvo casado con Francisca Sierra Posada de Riaño. María y Manuel tuvieron 6 hijos: Casimira Moreno Fuente en 1795; Marcelo en 1796; Manuel en 1798; Tomasa y Rafael en 1801 y Valentino en 1805.
Marcelo y Manuel continuan la saga registrada en La Puerta; Marcelo Moreno Fuente se casó con Dominga de las Rozas con la que tuvo 6 hijos: Manuel Moreno de las rozas en 1822; Agustina en 1825; Froilana en 1826; Mª Cruz en 1828; Nicolás en 1830 y Gregorio en 1838.
De esta familia sólo Agustina tuvo descendencia, en 1859 nacía Manuela Moreno de las Rozas, que fallecería a los 19 años de edad.

En el caso de su hermano Manuel, éste se casó con María Piñan Gómez de Lario y tuvieron 10 hijos: Ubaldo Moreno Piñan en 1835; Estefanía en 1837; Ana María en 1840; Francisco en 1841; Mª Manuela y Felipeen 1843; Rosa en 1844; Concepción en 1846; Benito en 1849 y Cecilio en 1856. Sólo Estefanía continua apareciendo en los registros de La Puerta; se casó con José Vega Amondi y en 1863 nació María Vega Moreno. 

Miguel A. Valladares Álvarez











domingo, 23 de octubre de 2016

GENTE DE LA PUERTA





    Un popurri de Álonsos, Alvarez y Presas en Riaño: Arantxa Alonso Álvarez; Julian Valladares Álvarez; David Presa Alonso; Mª Victoria Presa Fernández; Engracia Presa Alonso; Sagrario Álvarez Díez; Miguel A. Valladares Álvarez, Laudelina Álvarez Díez y Mª Pilar Alonso Álvarez

LA PUERTA Y SUS GENTES 1752-1987 (6)

LA PUERTA Y SUS GENTES 1752-1987 (6)

Décimo novena.-

Domingo Díez de Valbuena, de hedad de treinta y quatro años, estado noble, casado con María González, tiene por hijos a Francisca y María, menores. Exercicio labrador. Su jornal diario quatro reales, la utilidad annual en la madera de siete.

Esta familia no figura en ningún registro de La Puerta, ni los padres ni el nacimiento de ninguno de sus hijos, siendo esta noticia de 1752 la única vez que aparecen domiciliados en La Puerta.

Vigésima.- 

Froylán de la Riva, de hedad de veinte y quatro años, estado llano, casado con Josepha Álbarez, tiene por hija a Josepha. Su exercicio labrador. Su jornal diario quatro reales, la utilidad annual en la madera de siete.

Froilan desciende de Burón, sus padres Toribio y Bernarda residierton en La Puerta, pues hay más familia documentada en el pueblo; y Josefa era natural de La Puerta, nacida en 1729 e hija de Francisco Álvarez y María Díez. Bautizados en La Puerta figuran 9 hijos: Josefa de la Riva Álvarez (1751); Francisco (1753); Manuel (1756); Juan (1757); María (1760); Cruz (1763); Rosa (1765); Margarita (1768) y Josefa en 1772. 

Solo Juan tuvo descendencia en La Puerta, en donde aparecen registrados al menos 3 de sus hijos. Se casó con Antonia Allende García que descendía de Burón. Nacieron en La Puerta: Rosa (1791); Antonio (1796) y Esteban en 1798, año en el que desaparecen de los registros de La Puerta. Esteban al menos sabemos que se casó en Riaño, en donde tiene hijos registrados.

Vigésimo primera.-

Francisco de Valbuena, de hedad de cinquenta años, estado noble, casado con Francisca [ilegible], tiene por hijos a María, Bernarda, Michaela, Scolástica y Rosa. Exercicio labrador. Su jornal diario quatro reales, la utilidad annual en la madera de siete.

Francisco Valbuena era natural de La Puerta, mientras que Francisca descendía de Lario. En La Puerta están registrados los nacimientos de sus hijos, además de los ya indicados había otro nacimiento que no figura en el Catastro de Ensenada, prueba de que esta ya habia fallecido en 1752. María Valbuena Lario (1728); Ángela (1732); Micaela (1737); Escolástica (1741); Francisca (1744) y Rosa en 1747, año en el que desaparecen de los registros de La Puerta.

Vigésimo segunda.-

Francisco Álbarez, de hedad de quarenta y quatro años, estado noble, casado con Ignés de la Puerta, tiene por hija a Juana, menor. Exercicio labrador. Su jornal diario quatro reales, la utilidad annual en la madera de siete.

Francisco Álvarez Álvarez e Inés Puerta Díez tuvieron 5 hijos; da la casualidad que la hija, Juana, que se menciona en el Catastro no figura como nacida en La Puerta, en donde si nacieron sus restantes hijos: Francisco Álvarez Puerta (1748); Lorenzo (1752); María (1753) Juan (1756) e Inés en 1760, a partir de esta fecha nada más se vueve a saber de esta familia.

Vigésimo tercera.- 

Francisco de la Puente, mozo soltero, maior, jornalero, su jornal dos reales.

Francisco de la Fuente Rodríguez tenía 20 años cuando se elaboró el Catastro, nacido en La Puerta en 1732 e hijo de Manuel de la Fuente y Lucía Rodríguez. Más tarde se casó con Manuela Solares de la Riva. Fruto de este matrimonio nació en 1778 Manuela de la Fuente Solares. Desde esta fecha no vuelven a aparecer en los registros de La Puerta.



Miguel Ángel Valladares Álvarez



















sábado, 15 de octubre de 2016

NUESTROS VECINOS QUE EMIGRARON



NUESTROS VECINOS QUE EMIGRARON. 

(Nota: en anteriores capítulos he referido a “nuestros vecinos” residentes pero quisiera recordar también a aquellos que nos visitaban cada verano y formaban parte de nuestras vidas, como si fueran de otro barrio “un poco más alejado”).

Seguimos nuestro camino, por el vial de acceso al parador (no es excesiva la pendiente, si la distancia), hasta llegar a la parte trasera, a unas puertas grandes donde aparece Laude (la del tío Quico), que le indica a mi padre el lugar donde debe depositar el bidón y, de la mano, me lleva a las cocinas para darme un puñao de caramelos (tofe con piñones “El Caserío”) que están riquísimos (no los venden en las tiendas) y también comparto con mi padre (el resto los guardo para mi madre y hermanos).


 El regreso es más agradable (menor esfuerzo, cuesta abajo, comiendo chupitainas) pero es algo tarde y atajamos por el puente de La Rebisquera, dejando a la derecha el “prao de los panaderos” o “prao cerrao”. Al llegar al cruce de El Regachín, tenemos que detenernos para no entorpecer el paso del rebaño de cabras que conduce Manolo, “el asturiano”, en dirección a las eras y hasta “las peñas”, donde pastarán todo el día.


Posteriormente, solicito a mi progenitor que me explique por qué no he visto a personas jóvenes esta mañana, siendo éstos son los motivos:
·         Unos están estudiando (sus padres les quieren “dar estudios” para que su vida sea mejor que la suya): Begoña, Conchita, Isabel, Paquita, Mari Fe, etc.
·         Otros se hallan cumpliendo el servicio militar (todos los españoles deben servir a la patria durante un tiempo): Ismael, Luis, Luisito, etc.
·         Algunos se preparan para dedicar su vida a Dios (los curas y las monjas son necesarios, ayudan mucho a las personas): Goyo, Lupe, Daniel, etc.
·         Varios están trabajando en el parador, la sierra, la choricera, los hornos; también en Riaño o pueblos de los alrededores.



Asimismo, deseo conocer la causa de abandono del pueblo hacia otros lugares de España e, incluso, al extranjero, por parte de muchos vecinos y amigos. Mi padre me informa sobre esta materia:
·         Muchos han ido a León por proximidad: tío Argimiro, tía Laude, Nides, etc.

·         La mayoría fue a trabajar a Madrid porque es muy grande y hay más opciones: tía Sabina, Araceli, Zósimo y Oliva, Nato, Demetrio, Piyo, Fabio, Emilia, Andrea, etc.
·         Bilbao, debido al desarrollo industrial, también atrajo a bastantes: Marino y Ángeles, Julio y Sagrario, Valentín y Laude, Adelina, Liborio, Vicente (“el del chato”), Luisa, Poli, Sabino, Onésimo, etc.
·         En Asturias también hay una pequeña representación (Gelina, Pilar, Ángel, Félix, Gela, etc.); a pesar de la cercanía no vienen al pueblo los fines de semana.
·         A Barcelona llegaron algunos, aunque se encuentra muy lejos: Dito, Marina, Paquita, Asela, etc.
·         Otros están dispersos por varias ciudades: tío Heraclio (Castellón), Mauro (Valladolid), etc.

·         Y una cantidad importante se fue al extranjero (están  muy lejos, no viene ni de vacaciones): tío Alfredo, Pedro (“el del chato”), Doroteo, Federico (Venezuela), Anselmo (EE.UU.), Olegario y Santiago (México), etc. 

·         Mención especial merecen quienes se han dedicado a la vida religiosa, siendo curioso las relaciones fraternales entre ellos: mis tías Doni y Covadonga; Timio, Toti y Goyo; Pedro y Fortunato; Patricio y Honorato.



También me adelanta algo sobre un pantano, pero no entiendo nada y me lo tendrá que explicar detenidamente porque he oído a mi madre vocear: “Jesusínnnnnnn”. Rápidamente contesto: “voooooy”.  A las horas habituales (comer, cenar) o por eventos especiales nuestras madres gritan el nombre a los cuatro vientos y si no hay contestación nos buscarán hasta encontrarnos.

Llegamos “a mesa puesta”, mientras la deliciosa sopa del cocido, sobre la chapa, y los suculentos garbanzos, al lado de lumbre, desprenden unos aromas inconfundibles; mis hermanos esperan sentados en el escaño y el gato tumbado al lado de la lumbre (el perro estaba echado a la puerta de casa, ahora se asomará por la ventana cada poco tiempo para insinuarnos que también almuerza). Mis padres no ha parado en sus quehaceres y ahora pueden sentarse un rato a comer en familia, momento que aprovecho para contarles mis aventuras mañaneras y mi padre nos asigna unos trabajos a los hijos: limpiar las cuadras, ir con las vacas, buscar cotrín, ir a “por verde”, etc.

Después de comer, mi madre me pide que apunte en una libreta las vivencias de hoy para que algún día las conozcan sus nietos. Así lo hago mientras ellos se echan una pequeña siesta.


Jesús (el mediano de Toño y Enedina).            

domingo, 2 de octubre de 2016

DE LAS VECERAS PASTOR



DE LAS VECERAS PASTOR

Pastor de veceras. Arreando libertades, deteniendo ignorancias. San Pedrín 2016.

Pastor en los montes comunales de La Puerta. Aprendió de su abuela Ángela a cuidar la Rubia que estaba abocada a parir, en la pradera de Pontaniella. También que cuando el sol se pone hay que marchar a casa, aunque el pastor no entendía mucho que el sol se pusiera, cuando en realidad se estaba marchando. El pastor continuó siendo pastor de corderos por La Cuesta, también de jatos hasta Praocavao, de anojos en Retollorán, pastor de ovejas por la Costaniella, Pozollao, Ridescaro, Los Casares y a veces hasta boca La Salsa. Con la cabaña, (las novillas que pacían en Hormas), las ordenanzas concejiles no  permitían ir (los pastores dormían en la chabola) Las yeguas bajaban alguna vez en el verano y las subían hasta la Sierra los mozos a caballo, bajando después al pueblo andando.



Pero donde el pastor ejerció su oficio fue en la segunda vecera de La Puerta, a la que tenía que arrear por los Cotorros hasta las Borías buscando los mejores careos por Peñasblancas, Cuetosnegros, La Regera de Santa Marina, Camilñón, La Collada los Nuales. Y al otro lado del río, por Barroso y el Villar, donde una vez el guarda le prendó las vacas por dejarlas pacer en praderas particulares.

El pastor no estaba solo, le ayudaban sus perros. Se acuerda de Reina, de Golfo, a los que bautizó con esos nombres porque Ernsc Jürgem Brem, le llevó en Madrid a ver “La dama y el vagabundo”. No se le olvida al pastor, al pastor de la Vecera, el careo de Saguas en agosto cuando se juntaban las tres veceras del pueblo. Además de cuidar las vacas andábamos a pandoso (pan de oso, vigurnum viburnum lantana, una planta) No se le olvida al buen pastor, el pastor de las Veceras, el día que le doctoraron Eusebio, su tío, y Las Magdalenas (tres hermanas solteras de más ochenta años) al oírlas decir ¡que ganadero es este “rapá”!

El pastor con su hermano mayor  por el camino del Andrinal, viniendo de esparder hierba del prao de Traslatorre. El fotógrafo fue Patricio Domínguez.


Al pastor, al pastor de las Veceras, le siguen supurando las heridas de las aguas del pantano de Riaño que inundaron todos estos parajes en los que vivió, pero le indigna mucho más la sepultura bajo las sucias aguas del egoísmo, los intereses particulares y el dinero que acabaron con los valores del colectivismo agrario, el pastoreo comunal, los concejos y la participación de pastores y ganaderos en la vida del pueblo.

Leoncio Álvarez Álvarez.
Poncho

viernes, 30 de septiembre de 2016

FAMILIAS DE LA PUERTA: EULOGIO EL MADREÑERO


FAMILIAS DE LA PUERTA

Independientemente del seguimiento de las familias que habitaron La Puerta desde 1752 hay otras familias que también pasaron por La Puerta provenientes de otros lugares, unas veces cercanos y otras más lejanos. Y este es el caso de la familia a la que vamos a dedicar un espacio en nuestro blog, porque aunque sólo uno de la familia nació en La Puerta, todos los integrantes de ella se encuentran enlazados con este pueblo y bien podemos decir que su querencia hacia La Puerta y sus gentes la llevan grabada hasta la médula.

  Decía que de esta familia uno de sus integrantes figura en los registros de nacimientos en La Puerta, se trata de Florencio Hevia Rodríguez, nacido un 19 de julio de 1942, y bautizado el 27 del mismo mes, actuando como padrinos Melchor Cimadevilla, de Lario y su hermana Dolores Hevia, Por cierto, como era costumbre, ayudaban al sacerdote en esa ceremonia una persona mayor, Vicente Suero y un menor Antonio González  Álvarez, futuro marido de Enedina Álvarez.

    Esta familia encabezada por el matrimonio  de Eulogio Hevia y Asunción Rodríguez  llegó a La Puerta procedente de Riaño, allí nacieron tres de sus hijos Veremundo (1932) y Soledad (1933) y Laudelina Dolores (1934), falleciendo está última poco antes de cumplir los 2 años.

                             Foto Marisol Gil Hevia: Eulogio Hevia y Asunción Rodriguez.



Por razones de trabajo,  Eulogio era madreñero, la familia abandonó La Puerta y se trasladó en varias ocasiones a otra localidades, Lugo, en donde nació otra de sus hijas Dolores, Mieres, Crémenes, para volver a La Puerta en donde residieron hasta 1957.

    Veremundo Hevia.


En las dos etapas que residieron en La Puerta vivieron primeramente en la casa de Julia, frente a la cuadra del tío Isidoro, casa famosa ya que su balconada fue escenario de la pelicula Cuerda de Presos, y que los más pequeños, y permítaseme la licencia de incluirme entre estos, recordamos viviendo más tarde primero a Ramón el Cestero y más tarde al caminero de Ribota. En su segunda y más amplia estancia en La Puerta fueron vecinos de Fermín y Domitila. 

Eulogio trabajó en la madreñera de Julio, ahí enseño a trabajar con las máquinas entre otros a Román Domínguez hasta que en 1957 se trasladó a vivir a Puente Castro.

          Foto Marisol Gil Hevia: Soledad Hevia, la primera a la derecha, acompañada por la mocedad              de La Puerta. De Izq. a Dcha: Carmen, Ámerica, la niña Josefina, hija de Laude; la terdera nos            es desconocida, Manuela Alonso; Marina, Maruja, Jandra, Angelina, Leonides y Esther.


Hace unos días recibimos la visita, después de 48 años de Soledad Hevia acompañada de su hija Marisol y de uno de sus nietos, Soledad había visitado La Puerta en 1968, viaje en el que volvió a recordar parte de su infancia y disfrutar de la compañia de los que fueron sus vecinos.


          Fotos Marisol Gil Hevia: Soledad y sus hijos en la visita a La Puerta en 1968, En el corral del tío Fermín y la familia acompañados por Fortunato Domínguez.

Soledad desde su segunda estancia en La puerta se trasladó a Madrid, en donde se casó y formó una familia, y desde aquel 1968 no había regresado a nuestra montaña.

                    Foto Marisol Gil Hevia: Soledad en 1957.


 Me satisfizo enormente el encuentro, el conocer y acompañar a esta familia en su visita a La Puerta, ser participe de su ilusión, del reencuentro con sus vecinos a los que nunca olvido. Todo un placer.





    
    Foto Miguel Valladares: Soledad acompañada por su hija Marisol y Gregorio González, su vecino de toda la vida.


Miguel A. Valladares Álvarez