domingo, 20 de diciembre de 2015
sábado, 19 de diciembre de 2015
LA PUERTA: LAS VECERAS
LAS VECERAS.
No conocemos Ordenanza alguna del Barrio de
La Puerta en el que se pudiera estudiar en profundidad sus veceras; de
cualquier manera, y a tenor de otras
Ordenanzas conocidas en el contorno, el tema de las veceras tiene un
ordenamiento muy generalizado en todos los pueblos de esta Montaña.
Era el Concejo de La Puerta quien regulaba
y tomaba acuerdos sobre las veceras, decidía abrir pastos para cada una de
ellas y acotaba otros para un uso posterior. A echar los ganados a la vecera
estaban sujetos todos aquellos vecinos que tuvieran animales de las especies
que se vezaban. La vez comenzaba en casa de un vecino determinado y avanzaba en
dos direcciones opuestas, la primera corrida que se guardaba en la primavera
partía de donde se hubiera quedado en el San Miguel del año anterior. Eran
muchas las veces que coincidía que teniendo la vez de una vecera, llegaba el
turno de otra, en este caso dependía de la época del año, si había personal
suficiente en una casa como para asumir
las dos se hacía, y si no se pasaba la vez a otra casa y se guardaba en cuanto
se quedaba liberado.
Excepto algunas veceras de ganado ovino,
ovejas y cabras, que duraban todo el año, las demás veceras se iniciaban con la
llegada de la primavera y duraban hasta el San Miguel, en el que se daban las
Derrotas, dependiendo este hecho de la fecha en que se acabaran de recoger los
patatas y apañar los otoños.
La primera vecera en organizarse era la
Cabaña, tenía su salido en el origen de la carretera del Parador, compuesta por
vacas de entre 2 y 4 años, vacas horras, a la que se añadían los novillos sementales
escogidos por la Junta de Ganaderos para la recría; la escasez de hierba en las
tenadas hacía que en cuanto el tiempo lo posibilitara este rebaño se subiera a
los pastos de Hormas, generalmente allá por el mes de marzo, no deshaciéndose
hasta el San Miguel con motivo de las Derrotas. Por cada animal metido en la
vecera se guardaba un día, la vecera era custodiada por dos pastores de
distinta casa; los animales pernoctaban durante toda la semana en las
proximidades de los pastos, aunque de noche se les encerraban en corrales
preparados para el efecto. Cada sábado al atardecer los cencerros de la cabaña
inundaban el pueblo, éste día la Cabaña bajaba a por su ración de sal y el
domingo a la mañana regresaban a sus pastos.
A finales de marzo también se ponía en
marcha de la vecera de añojos, terneros de más de un año, se les apacentaba
preferentemente en las laderas bajas y próximas al casco urbano, caso de
Puntaniella, los Cotorros y el Hoyo los Gues, respetando siempre las tierras de
labor. Por cada añojo una jornada de dos pastores de una misma casa cuidando el
rebaño, al menos uno tiene que tener más de 18 años. La vecera se deshacía
también cuando se daban las Derrotas, hacía el 7 de octubre.
Los jatos comenzaban más tarde y ninguno de
ellos pasaba del año; la jatera de La Puerta estaba situada en el término de La
Cuesta, allí, desde mediados de junio y a razón de un jato un día aprendían a
pacer bajo la atenta mirada de un único pastor. Esta vecera se unía a la de las
vacas hacía el 29 de septiembre.
Las veceras de vacas apenas tuvieron
presencia en este siglo, hasta la década de los 60 no funcionaron y a
principios de la siguiente dejaron de existir. Los 2 o 3 primeros años
funcionaron dos veceras de vacas: a una, cada vecino podía echar 4 animales,
esta estaba organizada en dos vacadas, una perteneciente al Barrio Arriba y
otra al Barrio Abajo, pacían los mejores herbazales. A la segunda, una única
vacada, iban las vacas restantes de cada vecino; Pozollao, Las Vallejas y
Hormas eran sus pastizales acostumbrados, no siempre bajaban a dormir, aunque
se las bajaba diariamente para su ordeño.
Esta estructuración parece ser que dio
lugar a la picaresca, y en algunos casos se produjo la división de ganados
entre los miembros de una misma familia con el fin de meter todas las vacas en
la primera vecera, ante esta situación se optó por una sola vecera dividida en
dos rebaños y buscando la equidad en el número de animales.
Por cada dos cabezas se pastoreaba un día,
por una la mitad. Desde mayo hasta las Derrotas por el San Miguel, dos pastores
de una misma casa cuidaban esta vecera. Durante este tiempo sólo se deshacía
con motivo de la celebración de las fiestas del patrón del pueblo, los días de
San Pedro y San Pedrín, estos dos días se cuidaban individualmente, el tercer
día ya corría la vez de nuevo. Saguas, Las Borías y las faldas del Yordas eran
algunos de los pastos destinados a su apacentamiento.
A las veceras de ovino les estaban vetados
los terrenos liberados tras dar las derrotas, y excepto las de corderos y
chivos que acababan el 29 de septiembre, las demás duraban todo el año,
pudiendo pasar algunos días seguidos sin salir por causa de la nieve. Tenían el
salido en el centro del pueblo, en el Barrio de Arriba, la de ovejas, única
para todo el pueblo, casi siempre contó con un pastor ajustado para su cuidado,
con el iba un vecino en vez, a razón de 1 día por cada cuatro ovejas. En época
de la paridera un tercer vecino, uno cada día, acompañaba al rebaño con la
misión de controlar y asignar los corderos. Las Borías, y algunos valles de
Hormas, en donde contaban con sestiles, eran los pastos más visitados.
Por dos corderos un día de corrida para un
único pastor, se soltaban en mayo por las camperas de encima la fuente La Canalina
y por La Cuesta, una sola vecera que
compartía pastos con los jatos. Con la vecera de corderos también iban los
carneros sementales escogidos para el servicio del Concejo. El día San Miguel,
los corderos se unían a la vecera de ovejas, dejando de considerárseles tal y
ser contabilizados como ovejas.
La vecera de cabras era la única que no
dependía directamente de la Junta de Ganaderos, esta vecera se organizó sobre
la década de los cuarenta y duró poco tiempo, en ella sólo intervenían aquellos
vecinos que tenían animales de esta especie. La mayor parte del tiempo lo
pasaban en el valle de Hormas, aunque también merodeaban los pastos siempre
frescos de las calizas. Se guardaban en la misma proporción que las ovejas y
solo contaba con un pastor; fue la primera vecera en desaparecer.
Miguel A. Valladares Álvarez
martes, 15 de diciembre de 2015
lunes, 14 de diciembre de 2015
¡¡¡YA TENEMOS NIEVE EN LA PUERTA!!!
YA TENEMOS LA NIEVE EN LA
PUERTA.
El día de la feria de noviembre fui con mi padre, arreando una
vaca que llevaba para venderla; se notaba el frío mañanero al percibir
claramente el aliento que exhalaban las personas y las vacas; en pocos días, el
blanco que coloreaba las cumbres de montañas y sierra ha ido tiñendo los
bosques y valles hasta descender a la puerta de nuestras casas.
Algunas noches de principios de diciembre ha helado lo
suficiente para producir una resistente capa sobre los charcos, que abundan por
doquier y desgastamos a base de deslizarnos sobre ellos; además de este patinaje
practicamos uno de superior calidad en la inmensa pista que se forma en la
presa, al lado del puente y enfrente del
lavadero, donde el cauce se ensancha. Aquí coincidimos numeroso amantes de los
resbalones (desconocemos eso de las piruetas), nos caemos y nos levantamos, reímos
y lloramos, nos golpeamos las piernas (cuidado con las culadas y morradas),
alguno hace agujeros para que otros metan la pata, etc.; todos acabamos mojados
y con algún moratón (ningún esguince ni rotura).
Y también se crean otros suelos para el deslizamiento donde se
acumula agua por cualquier circunstancia, como enfrente de la casa de Leandro,
en la esquina donde confluyen la calle del barrio Abajo y la que proviene de la
casa de Genoveva. Y refiero ésta, porque hace unos días, patinado con la botas
de regar de mi padre (las típicas
verdes), me di un morrazo tremendo (cada vez que recuerdo la escena me duele);
por supuesto, no le he dicho nada a mis padres. Eso pasa por utilizar el
calzado inadecuado: botas muy grandes, nos llegan a las ingles, no se puede
doblar la rodilla, no tienen cuchillas debajo, etc.
También han empezado a caer los primeros copos de nieve, está
todo blanco y nada más salir al recreo vamos a mear detrás de la escuela para
hacer figuras en la nieve, moviendo diestramente la pirulina. Debido a la
capacidad de nuestras vejigas y el frío glacial, esta actividad no se
prolongaba demasiado e, inmediatamente, nos vamos a las tierras de El Cuarno
para “hacer el santo” repetidas veces. Al volver a la clase nos reunimos
alrededor de la estufa, extendiendo las manos por encima de ella.
Pero la actividad que nos presta es el descenso en esquíes o
trineo (ambos artesanales) y casi siempre “en recto”, siendo las zonas más
habituales el Hoyo de la Cuesta o Prao Cavao. La primera es peligrosa, por la
pendiente,pero atractiva por la velocidad que se coge, aunque, en ocasiones, tras
lanzarnos por un ribón, aterrizamos encima de una escoba o, como me paso a mí, de
un espino con el siguiente resultado: la ropa hecha jirones y sietes, las manos
y la cara con numerosas perforaciones y arañazos, duele todo el cuerpo, el
trineo en paradero desconocido, etc. Ese día acabé encima de la trébede
(castigado sin salir), en calzoncillos, con numerosas marcas de mercromina y se
distinguían varias formas de una suela en mis nalgas.
Por supuesto, las guerras de bolas son frecuentes en cualquier
escenario (calles, huertos, portaladas, corrales, etc.), respetando las chicas
(excepto las que son expertas en el lanzamiento atinado) y edades (algunos mayores
hacen las bolas muy duras y hay que parapetarse o esquivarlas). Nos divertimos
mucho: unas veces provocando la batalla y otras respondiendo a las agresiones;
pero nunca duraban mucho las hostilidades ya que los guantes escaseaban y al
finalizar había que echar aliento a las manos o (si no calentaban) entrar
directamente a la lumbre. Una vez entonados procedía volver a patrullar las
calles en busca de nuevos enemigos o lanzar las bolas a los carámbanos que
colgaban de los aleros (esto lo hacíamos para ver quien acertaba con el más
grande, aunque también nos preocupaba algo nuestra seguridad).
Una tarde, con anterioridad al día de
Navidad, fuimos tres niños (Ramón, Alfredo y yo, pero no estoy seguro), con mi
tío Agustín, al pinar para cortar y traer tres árboles de Navidad, una para
cada casa (Carmen, Enedina y el susodicho). En el camino de ida nos contó
detallados relatos con el oso como protagonista (costumbres, comportamientos
agresivos, precauciones, etc.), incluyendo historias reales de enfrentamientos
con humanos de los pueblos cercanos y en las que habían resultado heridos o
casi muertos. En el trayecto de regreso, bajábamos arrastrando cada uno su
árbol y mi tío dice que va a mear detrás de unas escobas, pero que sigamos
descendiendo poco a poco (había bastante nieve y estaba oscurecido). Al poco
rato, los tres primos, oímos chasquear ramas (inmediatamente pensamos que sería
un oso) y, sin mediar palabra, dejamos los árboles y echamos a correr cuesta
abajo. Al poco rato, mi tío se descubrió (nos llamaba a gritos) y se
desternillaba (alguno dijo: “que tío más tocho”). Por supuesto, ya tuvimos
cantinela hasta llegar a casa y fuimos objeto de chanzas en numerosas ocasiones
más.
La víspera de Nochebuena pasé por casa de mis tíos para ver el
árbol decorado y por el camino me encontré con varias personas, las cuales me
decían “Feliz Navidad”. Por la noche, antes de dormir, mi madre nos solía
contar cuentos o aventuras (reales e inventados) y le pregunté por qué
expresaban alegremente esos deseos de felicidad; su respuesta se basó en la
festividad de los días venideros y la importancia de vivirlos en familia.
Aquella noche tuve un sueño que se puede resumir así:¡FELIZ NAVIDAD A TODO EL
MUNDO!
Jesús (el mediano de
Toño y Enedina).
sábado, 12 de diciembre de 2015
miércoles, 9 de diciembre de 2015
NOTAS SOBRE NUESTROS EMIGRANTES (1)
NOTAS SOBRE NUESTROS EMIGRANTES (1)
JOSÉ PÉREZ DÍEZ e ISIDORO PÉREZ DÍEZ
JOSÉ PÉREZ DÍEZ e ISIDORO PÉREZ DÍEZ
José Pérez Díez e Isidoro eran hijos de Manuel Pérez Grande y de Leocadia Díez Rodríguez; Manuel era a su vez hijo de Juan Manuel Pérez y Juana Grande, vecinos ambos de Besande. Por su parte Leocadia era hija de Martín Díez y Teresa Rodríguez, los dos de La Puerta. Jose nació en 1885, mientras que Isidoro lo hizó 4 años más tarde, 1889. Para los más despistados, decir que ambos eran hermanos de Leandro.
De José Pérez, poco puedo decir, yo al menos no le conocí, aunque sé que durante un viaje a La Puerta tuvo la desgracia de fallecer a boca de Camiñón. De Isidoro, el padre de Jandra, guardo algún vago recuerdo, recuerdo que se centra en alguna visita junto al abuelo, el Caminero de La Puerta, al prado del Regachín, algún problema con el cierre del prao, el abuelo llevó durante muchos años el capital de Isidoro, así como la cuadra, que más tarde llevaba Marino, el marido de Jandra, junto a casa Marina.
CECILIO RODRÍGUEZ SUERO
Cecilio Rodríguez Suero nació en La Puerta en 1890; era hijo de Simón Rodríguez Pedrosa y de Segunda Suero Valbuena, esta última de Éscaro e hija de Tomás Suero y Rosa Valbuena, ambos de Éscaro; mientras que Simón era hijo de José Rodríguez, de La Puerta y Petra Pedrosa de Éscaro. Cecilio tenía un hermano gemelo Pedro.
Los tres citados, José, Isidoro y Cecilio emigraron prontamente a Estados Unidos, la verdad es que no sé muy bien el medio empleado ya que no figuran en los registros de la Isla de Ellis, lugar por el que pasaban todos los emigrantes que entraban en U.S.A. Lo que sí he podido investigar es algo de lo que fue su estancia en los Estados Unidos.
Dije que prontantamente emigraron ya que los norteamericanos entraron en la 1ª Guerra mundial en 1917, y esta acabó en 1918, y como podemos ver en los documentos que aporto, los tres se presentaron voluntarios para esta guerra. No llegaron a ir, pero me imagino que con este alistamiento mejorarían su estatus en el país. El alistamiento se produce en el Estado de New York, no confundir con la ciudad de su mismo nombre, concretamente en la ciudad de Niagara Falls (1) como observamos en las fichas los tres trabajaban en la misma empresa química Unión Carbide Company, famosa por el desastre de Bopal (la India) en 1894.
(1) Los alistamientos dependían por entonces de los distintos estados y no de gobierno de la nación.
Miguel A. Valladares Álvarez
lunes, 7 de diciembre de 2015
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