domingo, 22 de mayo de 2016
sábado, 21 de mayo de 2016
EMIGRANTES DE LA PUERTA: LOS GUTÍERREZ DE ARGENTINA
En
un lugar de León, de cuyo nombre no quiero olvidarme....
LOS GUTIERREZ
Aunque el apellido
Gutiérrez les viene vía Pedrosa del Rey, este no era novedoso, ya que por vía
materna el apellido Gutiérrez les viene de lejos. En efecto, ya en 1752 había
afinidad con este apellido, y los González Gutiérrez están registrados en La
Puerta (Catastro de Ensenada); por entonces, Juan González, ya con más de
sesenta años y viudo de Thoribia Gutiérrez, vivía en este pueblo junto a sus
hijos: Juan, Eugenia, Santos (1726), y Basilio (1727).
De la siguiente
generación a Juan González, solo Juan y Santos tienen registrados descendientes
en La Puerta: Juan a Bernardo y
María; y Santos, casado con Cathalina
Álvarez, con quién tuvo 10 hijos; María; Ysabel; Estanislao; Juan; Santiago;
Francisco; Santos; Manuela; León y Michaela. Pero, buscando el hilo que nos
lleve a nuestros Gutiérrez emigrantes, nos fijaremos en Estanislao, nacido en
1764, quien a principios del siglo XIX contrajo matrimonio con Francisca Díez
Díez, natural de Carande, con quien tuvo 5 hijos: Manuela (1804), Micaela,
Juana (1807), Agustín Antonio (1809) y Mª Agustina (1812).
E iba a ser esta
cuarta generación quien, a través de Mª Agustina, va a adquirir el apellido
Gutiérrez que con gran orgullo pasean nuestros Gutiérrez argentinos. Mª
Agustina contrajo matrimonio con Manuel Gutiérrez Valbuena, hijo de Pascual
Gutiérrez y Ana Mª Valbuena, naturales de Pedrosa del Rey. Manuel y Mª Agustina
tuvieron al menos 8 hijos: Ambrosio, Manuel (1825); Estanislao (1827); María
(1829); José (1841); León (1843); Mariano (1846) y Agustina (1855).De estos,
León y Ambrosio fueron los padres de nuestros “desempolvados” emigrantes. Ambos
emparentaron en Boca de Huérfano; León se casó con Juliana González y Ambrosio
con Petra Álvarez y entre sus descendientes encontramos a nuestros primeros
Gutiérrez emigrantes.
León y Juliana
tuvieron 4 hijos: Julia; Domingo; Demetrio (1855) y Marcelino. Por su parte,
Ambrosio y Petra tuvieron 9: Alberto (1883); María (1885); Patricio (1887);
Doroteo (1889); Zacarías (1891); Emilio (1894); Quintina (1897); Olegario José
(1900) y Gregoria (1902). De estos emigraron a Argentina: Marcelino por parte
de León, a los que se unirían más tarde sus sobrinos e hijos de su hermano Domingo:
Senén Gutiérrez y su hermano Quirino. Para los desconocedores de los entresijos
de La Puerta, Senén y Quirino eran hermanos de Gil, que regentó un bar en La
Puerta. Y por parte de Ambrosio Alberto, Doroteo y Olegario José, estos,
hermanos de Patricio, padre de Petra, Ambrosio o Emilio entre otros.
LOS EMIGRANTES
El primero que
aparece enrolado en un buque con destino a Argentina es Alberto, lo hace a
bordo del Almanzora, llegando a Buenos Aires el 21 de octubre de 1925.El 1 de
enero de 1926, enrolado en el CAP Norte emprende viaje desde el puerto de
Villagarcía de Arosa Olegario José y el 14 de diciembre del mismo año lo hace
Marcelino Gutiérrez también a bordo del CAP Norte, este lo hace acompañado de
su esposa Leandra Álvarez González, natural de Villafrea y les acompaña María
Carande de Éscaro. Doroteo no figura en los registros de entrada en el país del
tango, pero todo hace indicar que entró en el primer cuarto del siglo XX. Senén
lo hace en 1930 a bordo del CAP Arcona; y por último, su hermano Quirino en
1949 enrolado a bordo del Tucumán; todos ellos zarpando del puerto de Vigo, a
excepción de José Olegario como ya ha quedado reflejado.
EN LA PAMPA HÚMEDA
Alberto se aposentó rápidamente en San
Manuel, partido de Lobería, probablemente en donde se le cedieron algunas
hectáreas de tierra; poco después también llegó al mismo destino Olegario José.
En 1928, Alberto regentaba junto a un socio un almacén General en San Manuel.
En 1931, cuando se construye el centro educativo en esta localidad, tanto
Alberto como Olegario José figuraban entre los miembros de la comisión que
llevaron a cabo el control de las obras.
Foto familiar de los Gutíerrez en Argentina.
Marcelino y Leandra vivieron en La
Puerta, donde nació su hija Sabina en
1903, hija que falleció pronto. Una vez en Argentina se ubicaron en Lobería,
una ciudad situada a unos 450 km al sudeste de la Provincia de Buenos Aires,
donde recibieron unas hectáreas para trabajarlas. En pocos años consiguieron
mejorar su posición y gestionar bien su patrimonio, lo que les permitió vivir
cómodamente con casa propia y subsistir gracias a sus rentas.
Marcelino, el Padre Valbuena, Quirino y un acompañante
Doroteo también vivió en Lobería,
donde adoptó rápidamente las costumbres
del "gaucho": vestía a la usanza de los paisanos de nuestro campo,
con "Bombachas", botas y pañuelo al cuello. Hizo una gran fortuna, luego
vendió sus campos y se retiró a vivir en el Hotel de Baskonia, que regentaba el
hijo de su primo Domingo. El hundimiento de la economía argentina de los años
30 le derritió el dinero y sus últimos años no fueron buenos.
Quirino Gutíerrez
Quirino era un personaje entrañable, de los
de probada querencia, que además de querer, se dejan querer, dicharachero, un
buscador de sonrisas. Llego a Buenos Aires el 10 de agosto de 1949 con 31 años,
y en principio se instaló junto a su hermano Senén; más tarde y en compañía de
Isidro Álvarez y los hermanos José y Julián Sierra, los tres de Riaño, formaron
una sociedad y avalados por el Padre Jacinto Valbuena de la Calle, también de
Riaño, párroco que, durante su estancia en Argentina, fue confesor del Papa
actual. Juntos montaron su propio negocio de hostelería en la ciudad de
Avellaneda, en la zona Sur del Gran Buenos Aires. Tras deshacerse esta
sociedad, Quirino se reubicó en Beccar en la zona Norte. Quirino se casó con
Manuela y no tuvo descendencia; en 1968 regresó a su lugar de origen y tras una
breve visita regresó a Argentina en donde regentó su último negocio también de
hostelería. De Isidro Álvarez nada conocemos. De los hermanos Sierra, José, años más tarde regresó a Riaño,
mientras Julián acabó asentándose en la ciudad Argentina de Córdoba, donde falleció debido a sus problemas
cardiacos.
Quirino Gutíerrez en una de sus visitas a España
HISTORIA DE UN EMIGRANTE
SENÉN GUTIERREZ ALONSO
Dicen que en la emigración, y en quienes la
profesaron, hubo todo tipo de emociones: ilusión, esperanza, necesidad e incluso
resentimiento, y digo resentimiento, porque los más viejos del lugar aún
recuerdan a aquella emigrante que antes de montar en el coche de línea, primera
etapa del viaje, se limpió los zapatos y mirando a los vecinos presentes en la
parada, y no sin cierta soberbia les apuntillo: “de este pueblo no quiero
llevarme ni el polvo”.
Senén Gutíerrez
En el caso de Senén Gutiérrez podemos
hablar simple y llanamente de necesidad, ya que como él mismo confesó a sus
hijos, dejó España "porque mi padre
me dijo que no le alcanzaba el dinero para alimentar tantas bocas", y
es que, en esa casa, además de Domingo y Timotea, sus padres, había 5 bocas
más, y Senén era el mayor de ellos.
En esta tesitura, Senén recibió la
"Carta de Llamada" de su tío Marcelino, documento necesario para
poder ingresar en el país y obtener la residencia, e inició los preparativos
para el viaje. A finales de noviembre se traslada hasta Vigo donde embarca en
el Cap Arcona, un trasatlántico célebre, no ya solo por haber transportado
tantas esperanzas, sino también por tener un trágico final, ya que años más
tarde, en el transcurso de la segunda guerra mundial, fue hundido en el Báltico
con 4.500 prisioneros de los alemanes encerrados en sus bodegas.
No quiero imaginarme el dolor de una
travesía así, en la que, en el oleaje se refleje la aflicción del pasado
inmediato; la melancolía del presente y la incertidumbre del futuro. Senén
arriba al puerto de Buenos Aires el 8 de
diciembre de 1930, nadie acude a su llegada, los primeros días se aloja en el
hotel de Inmigrantes, allí tendrá tiempo de preparar el siguiente paso, pero
también tiempo para repasar su vida y dar rienda suelta a sus recuerdos
añoranzas que nunca le abandonaron y que dejó a sus hijos como uno de sus más
preciados bienes: “el Esla, Hormas, el
invernal y las vacas, el hórreo, la feria, la siega, el Yordas, la nieve y el
frio del invierno, las madreñas, las Fiestas de Quintanilla, la lucha leonesa,
las cigüeñas de la Iglesia, el maestro de la Escuela que estaba pegada a su
casa y las picardías y pequeñas aventuras de su adolescencia y primera juventud”.
La oferta de unas cuantas hectáreas en la
provincia del Chaco no le desviaron de su meta, Lobería, en donde vivía su tío.
Como recuerda su hijo Domingo: “A Lobería
se podía llegar por dos ramales distintos del Ferrocarril; uno de ellos paraba
en la Estación “Lobería” y el otro a seis kilómetros del pueblo, en una
estación llamada “Tamangueyú”. Le dieron pasaje a Tamangueyú y, a poco de subir
al tren, olvidó ese nombre tan extraño. La única solución era estar alerta y
mirar por la ventanilla en cada parada porque, si leía el nombre de la
estación, recordaría que ese era el lugar en el que debía bajar. A la media
hora de haber emprendido el viaje comenzó a mirar por la ventanilla; trece
horas después bajó del tren en Tamangueyú”.
Una vez en Lobería no tardó en encontrar
trabajo; primeramente como peón en la cosecha de la papa y más tarde su
situación mejoró cuando Don Ramón Allende, un paisano de Burón, le contrató
como dependiente en “El 43” su “Almacén de Ramos Generales”. Allí se vendía
pan, bebidas, alimentos, cigarrillos, yerba, todo tipo de artículos para el
campo, monturas, aperos y rebenques y hasta alguna “comida de olla” para los
gauchos que estaban de paso. El trabajo incluía una remuneración mensual y el
alojamiento en la trastienda del local.
Senén se casó en 1939 con Carmen Mafalda, y
poco más tarde invirtió sus ahorros participando en una sociedad que compró el
Hotel Baskonia. Años más tarde volvió a invertir, también en sociedad,
comprando la “Confitería del Molino”, una especie de local en el que además de
servir bebidas, servía de sala de juegos, salón de baile, incluso para otros
eventos como bodas y bautizos.
Este matrimonio, Senén y Carmen, vivió
felizmente en Lobería donde, con el paso
del tiempo, fueron llegando hijos: Domingo; María Angélica y Senén Mario. Pero
en Lobería no había institutos, y con visión de futuro, Senén, prefirió
arriesgar la tranquilidad y la seguridad de Lobería, por empezar de nuevo en
Buenos Aires, pero con la satisfacción de poder dar a sus hijos la formación
que él no pudo tener. En 1948 tiene lugar esta nueva aventura, una vez
instalados en la capital argentina, Senén y Carmen compraron un almacén, tienda
de ultramarinos, y con empeño, trabajo y sacrificio, el cambio tuvo su
éxito, sus tres hijos acabaron sus
estudios con licenciaturas: Domingo y María Angélica en medicina y Senén Mario
en la abogacía.
Quiniro y Carmén con Domingo
Senén Gutiérrez fallecía en 1992, no sin
antes visitar de nuevo su lugar natal, La Puerta; un breve recorrido en el que
rememoró sus lugares y experiencias de su infancia y de mocedad, cuántas
lágrimas correrían por sus mejillas o por sus adentros en tan especial visita.
Su experiencia en la vida, su sencillez, quedó reflejada en su propio epitafio:
"Yo no envidio de nadie la suerte, soy lo mismo que el pavo real, que
orgulloso recibe la muerte y orgulloso del mundo se va"
Miguel
Ángel Valladares Álvarez
Gracias a Domingo
Gutiérrez por su desinteresada e imprescindible colaboración en este trabajo,
sin la cual no hubiera sido posible su elaboración.
domingo, 10 de enero de 2016
LAS "NIÑAS" DE LA PUERTA
Foto cecida por Montserrat Valladares Álvarez
La relación de nombres es proporcionada por Modesta Álvarez:
De Izquierda a derecha:
Begoña de Pelayo (Villacorta) y Florencia (La Puerta). 1948
Guadalupe de Wenceslao y Asela ambos de La Puerta. 1945
Carmina de Leandro (La Puerta) y Vicenta (Maraña). 1944
Isabel de Pelayo (Villacorta) y Florencia (La Puerta). 1949
Gloria de Leandro (La Puerta) y Vicenta (Maraña). 1940
Paquita la hermana de Marina, de Francisco y María ambos de La Puerta. 1941
Aurora la hermana de Oliva, de Emiliano (La Puerta) y Juana (Carande). 1940
Modesta de Francisco el caminero (La Puerta) y Aurea (Mazuecos, Palencia).1942
María Antonia de Fabriciano (La Puerta) y Eloisa (Cangas de Onís). 1945
María Luisa de Melchor (La Puerta) y Asunción (Carande). 1944
María Isabel de Fabriciano y Eloisa (Cangas de Onís). 1946
Queda por conocer la identidad de la niña que está con la maestra
La relación de nombres es proporcionada por Modesta Álvarez:
De Izquierda a derecha:
Begoña de Pelayo (Villacorta) y Florencia (La Puerta). 1948
Guadalupe de Wenceslao y Asela ambos de La Puerta. 1945
Carmina de Leandro (La Puerta) y Vicenta (Maraña). 1944
Isabel de Pelayo (Villacorta) y Florencia (La Puerta). 1949
Gloria de Leandro (La Puerta) y Vicenta (Maraña). 1940
Paquita la hermana de Marina, de Francisco y María ambos de La Puerta. 1941
Aurora la hermana de Oliva, de Emiliano (La Puerta) y Juana (Carande). 1940
Modesta de Francisco el caminero (La Puerta) y Aurea (Mazuecos, Palencia).1942
María Antonia de Fabriciano (La Puerta) y Eloisa (Cangas de Onís). 1945
María Luisa de Melchor (La Puerta) y Asunción (Carande). 1944
María Isabel de Fabriciano y Eloisa (Cangas de Onís). 1946
Queda por conocer la identidad de la niña que está con la maestra
YA VIENEN LOS REYES, POR "EL ANDRINAL". JESÚS GONZÁLEZ
YA VIENEN LOS REYES, POR
“EL ANDRINAL”…
Estamos en Navidad, todos los niños del pueblo estamos pensando
en la llegada de sus majestades orientales. Mi padre, para mentalizarnos de su proximidad,
suele canturrear el conocido villancico (con alguna modificación): “Ya vienen
los reyes, por “El Andrinal”…”, pues anteriormente ya nos había relatado que utilizaban
dicha zona para llegar a La Puerta y no ser vistos por la carretera (más
transitada), atravesaban el caudaloso río por el paso de los carros y, tomando
el camino de El Sotiquín, arribaban a la iglesia, donde era prioritario y
protocolario adorar a mi tocayo, el Niño Jesús (dicho sea sin ánimo de comparar rangos).
Posteriormente, utilizando los caminos practicados en la
abundante nieve (por nuestro padres, con una simple pala), visitaban las casas
donde había niños y para ello seguían la siguiente ruta: de la iglesia se
dirigían hacia la calle de mi abuela
Justa y volvían a la calle principal, a la altura de la casa de mi tío
Francisco se desviaban hasta la viviendas de Gundo y mi tío Laureano, luego se
iban al barrio Abajo para retornar a la carretera, donde finalizaban el reparto
y proseguían rumbo a Éscaro (supongo que harán un alto en el parador y la
casilla, si hay niños).
Por otra parte, nadie escribe la carta (quizá por miedo a que no
llegue a tiempo, siempre hay mucha nieve), la comunicación con los reyes es
directa, pues solo hay que responder a una pregunta (¿qué le vas a pedir a los
reyes?) y nuestros padres trasladan las peticiones a los magos. Suele haber
demasiados fallos en la “trasmisión de mensajes” pues es habitual que nuestras
demandas se cumplan solo en parte, especialmente si hay bicicletas en la lista.
La víspera del día de Reyes le recuerdo a mi padre que es preciso
rehacer bien los caminos para que circulen los camellos sin problemas y, si fuera
necesario, mis hermanos y yo le ayudamos. Por la tarde, en compañía mis primos
Alfredín y Ramón, revisamos las idoneidad de los caminos abiertos en la nieve:
vamos hasta la iglesia, luego a casa de
nuestra abuela (se sonríe y refuerza nuestra motivación cuando le informamos
sobre nuestra actividad inspectora), la calle de escuela a casa del cura no
hace falta explorar pues no hay niños en ese tramo y tampoco en el que discurre
desde el huerto de Asela a la choricera; por la calle del barrio Abajo llegamos
hasta la casa de Nato (José Enrique nos saluda por la ventana y le respondemos
moviendo las manos) y finalizamos en la carretera que está limpia tras el paso
de la espaladora. El resto se halla en perfectas condiciones; está escampado:
esta noche hará frío pero no nevará y así los reyes no tendrán problemas de
desplazamiento (las pezuñas de los camellos asientan bien en la nieve helada).
Por la noche, nada más cenar, los tres hermanos nos vamos a la
cama rápidamente pero tardo en dormirme (por las expectativas mágicas). En la
quietud de la madrugada, el sonido de una esquila me despierta (es el camello
guía, la lleva para orientar al resto en la oscuridad y ante la copiosa nieve)
y, al cabo de unos instantes, oigo abrir la puerta del balcón, le siguen unos pasos
sigilosos para finalizar con el cerramiento del ventanal. De inmediato, a pesar
del insoportable frío ambiental, me levanto de la cama y abro el postigo de la
ventana para contemplar una escena inolvidable: en la claridad de una noche
estrellada y sobre la blanca nieve resaltan tres siluetas idénticas a las
figuras del belén que representan los Reyes Magos. Se están desplazando
lentamente, les sigo con la vista hasta perderlos y luego permanezco con la
oreja pegada al cristal para escuchar el sonido de la esquila (cesa unos
instantes: están dejando regalos en casa de mi prima Maribel) hasta que se
desintegra en la el silencio nocturno. Con el cuerpo tiritando regreso a mis
sueños.
Al amanecer, mi hermano Miguel Ángel nos despierta, saltamos de
la cama y corremos al pasillo, donde hallamos, depositados en el suelo: indios,
vaqueros, caballos, carrozas, escopetas de tapón de corcho, revólveres de pistones
y otros materiales escolares y ropas. Como nos imaginábamos, otra vez se les ha
olvidado la bicicleta y eso que nos daba igual que fuera de hombre, de mujer o
de niño.Después de desayunar, cuelgo mi escopeta al hombro y me voy a
casa de mis tíos para ver los regalos que les han traído a mis primas (a los
varones casi siempre nos dejan los mismos); veo a Pacita muy contenta con su
cocina y los cacharritos (ya está ideando numerosas recetas), a Maricruz
entusiasmada con sus muñecas y ropitas recortables (ofrecen muchas opciones de
vestimenta), a Irene emocionada con su “baby mocosete” (con todos los
accesorios y complementos: pañales, biberón, ropita,…), a su hermana mayor,
Ana, maravillada con su costurero (me enseña varias agujas, hilos de muchos
colores, tijerinas pequeñas,…), a Merche complacida con las camas y armarios
artesanales construidos por su padre, a Mariví (y el resto de primas)
ilusionadas con sus muñecas, vestiditos, estuches de pinturas Alpino (mejor si
son de dos pisos), zapatillas, zapatitos, leotardos, calcetines, pijamas, etc.
Al cabo de unos pocos días, volveremos a jugar con bolas de
nieve, palos, cuerdas, puntas, alambres, latas, calderos, vacas de salguera,…
en carros, leñeros, tenadas, portaladas, etc.
Jesús (el mediano de Toño y Enedina)
domingo, 20 de diciembre de 2015
sábado, 19 de diciembre de 2015
LA PUERTA: LAS VECERAS
LAS VECERAS.
No conocemos Ordenanza alguna del Barrio de
La Puerta en el que se pudiera estudiar en profundidad sus veceras; de
cualquier manera, y a tenor de otras
Ordenanzas conocidas en el contorno, el tema de las veceras tiene un
ordenamiento muy generalizado en todos los pueblos de esta Montaña.
Era el Concejo de La Puerta quien regulaba
y tomaba acuerdos sobre las veceras, decidía abrir pastos para cada una de
ellas y acotaba otros para un uso posterior. A echar los ganados a la vecera
estaban sujetos todos aquellos vecinos que tuvieran animales de las especies
que se vezaban. La vez comenzaba en casa de un vecino determinado y avanzaba en
dos direcciones opuestas, la primera corrida que se guardaba en la primavera
partía de donde se hubiera quedado en el San Miguel del año anterior. Eran
muchas las veces que coincidía que teniendo la vez de una vecera, llegaba el
turno de otra, en este caso dependía de la época del año, si había personal
suficiente en una casa como para asumir
las dos se hacía, y si no se pasaba la vez a otra casa y se guardaba en cuanto
se quedaba liberado.
Excepto algunas veceras de ganado ovino,
ovejas y cabras, que duraban todo el año, las demás veceras se iniciaban con la
llegada de la primavera y duraban hasta el San Miguel, en el que se daban las
Derrotas, dependiendo este hecho de la fecha en que se acabaran de recoger los
patatas y apañar los otoños.
La primera vecera en organizarse era la
Cabaña, tenía su salido en el origen de la carretera del Parador, compuesta por
vacas de entre 2 y 4 años, vacas horras, a la que se añadían los novillos sementales
escogidos por la Junta de Ganaderos para la recría; la escasez de hierba en las
tenadas hacía que en cuanto el tiempo lo posibilitara este rebaño se subiera a
los pastos de Hormas, generalmente allá por el mes de marzo, no deshaciéndose
hasta el San Miguel con motivo de las Derrotas. Por cada animal metido en la
vecera se guardaba un día, la vecera era custodiada por dos pastores de
distinta casa; los animales pernoctaban durante toda la semana en las
proximidades de los pastos, aunque de noche se les encerraban en corrales
preparados para el efecto. Cada sábado al atardecer los cencerros de la cabaña
inundaban el pueblo, éste día la Cabaña bajaba a por su ración de sal y el
domingo a la mañana regresaban a sus pastos.
A finales de marzo también se ponía en
marcha de la vecera de añojos, terneros de más de un año, se les apacentaba
preferentemente en las laderas bajas y próximas al casco urbano, caso de
Puntaniella, los Cotorros y el Hoyo los Gues, respetando siempre las tierras de
labor. Por cada añojo una jornada de dos pastores de una misma casa cuidando el
rebaño, al menos uno tiene que tener más de 18 años. La vecera se deshacía
también cuando se daban las Derrotas, hacía el 7 de octubre.
Los jatos comenzaban más tarde y ninguno de
ellos pasaba del año; la jatera de La Puerta estaba situada en el término de La
Cuesta, allí, desde mediados de junio y a razón de un jato un día aprendían a
pacer bajo la atenta mirada de un único pastor. Esta vecera se unía a la de las
vacas hacía el 29 de septiembre.
Las veceras de vacas apenas tuvieron
presencia en este siglo, hasta la década de los 60 no funcionaron y a
principios de la siguiente dejaron de existir. Los 2 o 3 primeros años
funcionaron dos veceras de vacas: a una, cada vecino podía echar 4 animales,
esta estaba organizada en dos vacadas, una perteneciente al Barrio Arriba y
otra al Barrio Abajo, pacían los mejores herbazales. A la segunda, una única
vacada, iban las vacas restantes de cada vecino; Pozollao, Las Vallejas y
Hormas eran sus pastizales acostumbrados, no siempre bajaban a dormir, aunque
se las bajaba diariamente para su ordeño.
Esta estructuración parece ser que dio
lugar a la picaresca, y en algunos casos se produjo la división de ganados
entre los miembros de una misma familia con el fin de meter todas las vacas en
la primera vecera, ante esta situación se optó por una sola vecera dividida en
dos rebaños y buscando la equidad en el número de animales.
Por cada dos cabezas se pastoreaba un día,
por una la mitad. Desde mayo hasta las Derrotas por el San Miguel, dos pastores
de una misma casa cuidaban esta vecera. Durante este tiempo sólo se deshacía
con motivo de la celebración de las fiestas del patrón del pueblo, los días de
San Pedro y San Pedrín, estos dos días se cuidaban individualmente, el tercer
día ya corría la vez de nuevo. Saguas, Las Borías y las faldas del Yordas eran
algunos de los pastos destinados a su apacentamiento.
A las veceras de ovino les estaban vetados
los terrenos liberados tras dar las derrotas, y excepto las de corderos y
chivos que acababan el 29 de septiembre, las demás duraban todo el año,
pudiendo pasar algunos días seguidos sin salir por causa de la nieve. Tenían el
salido en el centro del pueblo, en el Barrio de Arriba, la de ovejas, única
para todo el pueblo, casi siempre contó con un pastor ajustado para su cuidado,
con el iba un vecino en vez, a razón de 1 día por cada cuatro ovejas. En época
de la paridera un tercer vecino, uno cada día, acompañaba al rebaño con la
misión de controlar y asignar los corderos. Las Borías, y algunos valles de
Hormas, en donde contaban con sestiles, eran los pastos más visitados.
Por dos corderos un día de corrida para un
único pastor, se soltaban en mayo por las camperas de encima la fuente La Canalina
y por La Cuesta, una sola vecera que
compartía pastos con los jatos. Con la vecera de corderos también iban los
carneros sementales escogidos para el servicio del Concejo. El día San Miguel,
los corderos se unían a la vecera de ovejas, dejando de considerárseles tal y
ser contabilizados como ovejas.
La vecera de cabras era la única que no
dependía directamente de la Junta de Ganaderos, esta vecera se organizó sobre
la década de los cuarenta y duró poco tiempo, en ella sólo intervenían aquellos
vecinos que tenían animales de esta especie. La mayor parte del tiempo lo
pasaban en el valle de Hormas, aunque también merodeaban los pastos siempre
frescos de las calizas. Se guardaban en la misma proporción que las ovejas y
solo contaba con un pastor; fue la primera vecera en desaparecer.
Miguel A. Valladares Álvarez
martes, 15 de diciembre de 2015
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