lunes, 2 de septiembre de 2019

GENTE DE LA PUERTA

DOMINGO GUTIÉRREZ DESDE ARGENTINA NOS DA A CONOCER ESTA FOTO.

                   TIMOTEA ALONSO GONZÁLEZ Y DOMINGO GUTIÉRREZ GONZÁLEZ

Timotea Alonso González nació un 22 de agosto de 1882, hija de Facundo Alonso y Manuela González. Falleció el 21 de junio de 1970.
Domingo Gutiérrez González nacía un 4 de agosto de 1880 y falleció joven, a 55 años de edad el 26 de agosto de 1935. Era hijo de León Gutiérrez y Juliana González, nacida ella en Boca de Huérgano.
Timotea y Domingo fueron, son y serán los padres de Senén, Néstor, Eufrasia, Fe, Quirino, Gil y Aurelia.





CELEBRÓ LOS 90 AÑOS Y AHÍ ESTÁBAMOS PARA VIVIRLO



LA CAMINERA SAGRARIO ÁLVAREZ CUMPLIÓ LOS 90... Y sumando


    Reunión familiar; los Álvarez, Valladares, Alonso, Macho y allegados.... y esperemos que no sea la última.

A LA PUERTA DEL BOQUERO



Acabada la hierba, y con el ramo en el boquero, tres de La Puerta dedican su tiempo al libre albedrío.
De izquierda a derecha: Santiaguín, Luis Pelayo y Goyo el nieto del tío Celestino.

miércoles, 21 de agosto de 2019

domingo, 4 de agosto de 2019

LA PUERTA 4-8-2019

GENTE DE LA PUERTA


Con bellezas así al lado hasta parezco más guapo, vamos que me vengo arriba.
¡¡¡VIVA LA PUERTA!!!

sábado, 27 de julio de 2019

LA PUERTA 28/7/2019

LA PUERTA 28/7/2019




EL PRÓXIMO AÑO, 2020, ES EL ÚLTIMO AÑO, HASTA EL 2025, QUE SAN PEDRO CAE EN FIN DE SEMANA, POR ELLO SERÍA INTERESANTE REUNIR A TODA AQUELLA GENTE IDENTIFICADA CON NUESTRO PUEBLO. 

MUCHOS SOMOS LOS QUE NOS VEMOS A LO LARGO DEL AÑO, PERO POR CIRCUNSTANCIAS POCOS COINCIDIMOS EN FECHAS, DE MANERA QUE EL 2020 ES UNA BUENA FECHA PARA MOSTRARNOS COMO PUEBLO.

POR PONER SOBRE LA MESA ACTIVIDADES, ADEMÁS DE LA CELEBRACIÓN Y HOMENAJE A SAN PEDRO, COSA OBLIGATORIA, UNA COMIDA SERÍA LA GUINDA AL EL REENCUENTRO.

LA COMIDA, SEGÚN EL NÚMERO DE COMENSALES, SE PUEDE ORGANIZAR EN RESTAURANTE O EN CARPA Y SERVICIO DE CATERING. LOS PRECIOS DE ALQUILER DE CARPA ESTÁN EN 300€, PRECIO QUE AUMENTA SEGÚN SU CAPACIDAD.

ASÍ MISMO SE PUEDEN ENCARGAR UNOS POLOS CON LOS COLORES DE NUESTRO PENDÓN Y A LOS QUE SE PUEDE AÑADIR EL NOMBRE DE LA PUERTA.

PARA ESTO SERÍA NECESARIO ABRIR UN CUENTA EN DONDE PODER INGRESAR EL DINERO NECESARIO, COMIDA, POLOS, A LA VEZ QUE UN CORREO, O ESTE MISMO BLOG, EN EL QUE IR TOMANDO NOTA COMENSALES, TALLAS Y NÚMERO DE POLOS.

PARA QUE ESTO FUERA COGIENDO FORMA SERÍA ESCUCHAR OPINIONES A FIN DE SABER SI ESTA REUNIÓN DE PORTEÑOS ES POSIBLE, ASÍ COMO RECOGER TODO TIPO DE OPINIONES AL RESPECTO

GENTE DE LA PUERTA


GENTE DE LA PUERTA

Somos pocos pero abultamos mucho.


miércoles, 24 de julio de 2019

GENTE DE LA PUERTA


GENTE DE LA PUERTA

Con Maribel, la hija de Vitorino y América con la que no coincidía desde aquel fatídico 1987. Una agradable sorpresa.


    LA BELLA Y LA BESTIA,

sábado, 2 de febrero de 2019

LA LETRA CON VARA ENTRA.



LA LETRA CON VARA ENTRA.
La escuela está situada en la parte central del pueblo, en el cruce de la Avenida Principal (discurre desde el puente de entrada hasta la iglesia) con el Paseo del Regachín, el cual comienza en parte trasera del edificio y finaliza a la salida del núcleo urbano, a altura de los toriles. Si tenemos en cuenta la proximidad de la Ronda del Barrio de Abajo (por delante de casa de Asela) podemos decir que la institución académica estaba perfectamente comunicada con todas la zonas de la villa por medio del transporte público, que era gestionado por le empresa COSFE (“coche de San Fernando”)... ahora que lo pienso, quizás fue la predecesora de la EMPRESA FERNANDEZ, que tantas personas trasladó por los pueblos de La Montaña en sus metálicos “coches de línea” grises.



El edificio consta de dos plantas, en cada una de ellas el espacio es diáfano y con grandes ventanales en todas las paredes (excepto la adosada a la casa de Andrés). El único acceso se halla a la derecha de la fachada principal, permite pasar a un vestíbulo donde encontramos una puerta, a la izquierda, para entrar al aula de la planta baja (no utilizada actualmente) y una escalera que comunica con la planta superior, la única que usamos en el año 1968… igual era para evitar fugas estudiantiles saltando por la ventana (luego se llamó “hacer novillos”, “hacer pira”, “hacer pellas”, etc.).
Al entrar en la clase, observamos un amplio encerado negro (omnipresente en toda escuela de postguerra) sobre la pared del frente (la que da a El Cuarno) y un mapa físico de España colgado del paramento situado a la derecha. En la proximidad de la esquina, se ubica la estufa de leña, imprescindible en los gélidos días invernales y muy necesaria en algunos fríos momentos primaverales y otoñales; a nadie se le ocurrió quemar la vara utilizada para los varapalos (o si pasó por la mente de alguno no se atrevió con tal fechoría).
En la parte derecha del espacio didáctico se alinean los pupitres biplaza (en ellos se sientan los escolares mayores) y en la izquierda se disponen varias mesas de baja altura con cuatro sillinas cada una, donde se acomodan de los educandos más pequeños. En una de esas mesinas compartimos las primeras vivencias estudiantiles Manolín (hijo de Pepón), Metines (el de Gundo), Ana Belén (de Eusebio) y yo… más de un mosquilón recibimos los varones por bromear con la rapacina. 
Y frente a los escolares se coloca Doña Carmen, tras su gran mesa de madera, que ha pasado a la posteridad por cedérnosla momentáneamente para las famosas, uniformes y repetidas fotos de cada alumno, posando con ciertos objetos que nunca utilizaba en su faena docente ni nosotros en los ejercicios de aprendizaje.  



Cada alumno debe portar la pizarra y el pizarrín. El primer elemento es un trozo de ese material con forma rectangular y enmarcado en madera, donde escribimos y dibujamos con el segundo utensilio, el cual se extrae de los cascajos de El Camperón y se elabora artesanalmente por el padre o un familiar curiosín (recuerdo a mi padre afilarlo con su navaja); se ata con un hilo de bramante (facilita la maniobrabilidad y evita su extravío) y se une al borde mediante un clavo o punta fina. El borrado se realiza con la parte inferior de la palma de la mano y la manga, ayudándose, en algunas ocasiones, con la aplicación de un poco de saliva.    
La actividad didáctica se desarrolla a distintos niveles, pudiendo simultanearse la consulta de la enciclopedia Álvarez, el canto de la tabla de multiplicar, la ejecución de dibujos u operaciones con el pizarrín, la lectura de un libro sin ilustraciones, la transcripción de un dictado, etc. Y a pesar de tanta ocupación, la maestra siempre saca tiempo cuando considera conveniente aplicar un correctivo mediante la temida vara de avellano. La jodía dirige el palo hacia la base del dedo gordo, donde más duele, al impactar sobre el hueso.  Si giras rápido la mano (para que golpee en mullido), el castigo se repite hasta que consigue su objetivo. La habitual reacción posterior consiste en cerrar la mano, agarrártela con la otra y meterlas entre las piernas mientras arrugas el brusco y te acuerdas de algún ascendiente de Doña Carmen.
No debemos olvidar que convivimos alumnos de diferentes edades en el mismo ámbito y algunos eran bastante rebeldes, no constituyendo un ejemplo positivo para los menores; recuerdo especialmente a Ana Carmen, la sobrina de Pedro y Amparito, los de la sierra,… raro era el día en que su mano no recibía unas dosis de varina.
Bueno, a pesar de los métodos empleados por la profesora, creo que nadie guarda rencor a la educadora de varias generaciones de personas de nuestro pueblo, el cual le rindió un sincero y merecido homenaje en agradecimiento por los conocimientos y valores que esa mujer nos transmitió, amén de conseguir que muchos hijos de ganaderos cumpliéramos el sueño de nuestros padres.

Jesús (el mediano de Toño y Enedina).

martes, 22 de enero de 2019

¡¡¡SOMOS DE LA PUERTA!!!

Con Mª Carmen Ruidíaz, hija de Antonio y Amparo

Santiago Pérez, toda una referencia de La Puerta

                                                                  Con Jesús, el mediano de Toño y Enedina.

jueves, 10 de enero de 2019

lunes, 7 de enero de 2019

LAS NIÑAS TAMBIÉN JUEGAN



LAS NIÑAS TAMBIÉN JUEGAN

Hace un día espléndido, salgo de casa, cojo el aro y su gancho, me acerco a la esquina del huerto de Asela (para el visual saludo habitual al Yordas y Los Doblos), observo a varias niñas en el patio de la escuela. Sobre el escalón de acceso, Cristina y Elena (hijas de Mauro) juegan a cocinitas con la primogénita de Emilio (María José) y la “única entre machitos” de Olegario (Lola); el agua del calce aporta las sustancias liquidas, mientras que el polvo del suelo, la tierra y las piedrinas sustituyen a los elementos sólidos y los yerbajos se convierten en especias y verduras de todo tipo.

En el centro del patio observo a Lourdes y Loli que sujetan la goma a la altura de los pies, mientras van saltando Irene y Nieves, primero individualmente y luego ambas juntas; la goma va ascendiendo por el cuerpo (tobillos, rodillas, cadera) según se completan canciones y pruebas superadas. En las inmediaciones, mi prima Silvia y Mari Mar aguardan el fallo de alguna practicando con la comba; una es artesana (de cordel) y otra de tienda, rematada con manillas de color rosa en sus extremos.



Al cabo de unos minutos aparecen unos rapaces que empiezan a hacerles rabias: Pepín agarra la goma, la aleja y la suelta contra el muslo de su hermana; Fernando intenta efectuar los saltos y se lía la goma en el tobillo (cae al suelo), mientras Manolín (el de Gundo) intenta parar a Nieves que lanza golpes a ambos, hasta que Irene viene con un palo, que ha cogido del huerto de Andrés, y empieza a medirles las costillas.

Por otra parte, Tomasín y César se dirigen a probar las comiditas pero salen escaldaos, pues las cuatro cocineras forman una barrera infranqueable. Los veraneantes, José Luis (el de Emilia) e Iñaki (el de Araceli), acompañados de Ricardín, contemplan, desde la orilla del calce, la derrota de las huestes masculinas y disfrutan (a carcajadas) de la victoria del grupo femenino en ambos frentes.

Tras la huida de los machos humillados, pongo a rodar el aro por la tierra y me dirijo hacia el centro urbano, mas sólo llego hasta la altura de la casa de Metrio; en una orilla de la calle, a la sombra del portalón del tío Patricio, se hallan cuatro niñas jugando a la rayuela; permanezco unos minutos observando sus rotaciones: Lidia no atinó con su teja (al lanzarla a la cuadrícula), Merche perdió su turno al desequilibrarse (se desplazaba a la pata coja, demasiado deprisa), Sara golpeó varias veces la piedra plana con su pie (a la tercera, sobrepasó la cuadrícula que le tocaba) y Camino pisó la raya, al efectuar el recorrido final con los ojos cerrados.

De repente, varios chavales interrumpen el desarrollo del juego: Albertín agarra el guijarro y lo lanza al cielo, Pedrito (el de Gundo) le imita con una teja y Vicente (el de Dito) y Juanjo (el de Fabio) intentan borrar las rayas marcadas en el suelo arrastrando los pies; pero se encuentran la feroz oposición de las rapacinas, manifestada en empujones, insultos (burro, tocho, etc.) y manotazos al aire, también algunos impactos en cabezas y cuerpos. Rafael (el de Olegario) que permaneció neutral (en México no serán habituales estas riñas infantiles) pudo comprobar la retirada de los cuatro intrusos mientras escuchaba el comentario de mi prima: “mírales, van como el cemento de don Rufo”; el manito pregunta con su acento peculiar: “¿y cómo iba ese cemento?”, y la misma respondió: “iba que jodía”. Les dejo riéndose a carcajadas.

Alejados los “rufonines”, las chiquillas perfilan los cuadrados y prosiguen su actividad lúdica; yo me encamino hacia la casa de Eusebio, pues me llegan sonidos de tonadas infantiles. Arancha y Ana Mari (la de Nides) le dan a la cuerda sin parar, mientras otras niñas van entrando y saliendo al centro del arco, a la par que ejecutan ciertas tareas relacionadas con la letra de las canciones: “Soy  la reina de los mares…”, “El cocherito leré…”, “Quisiera ser tan alta como la luna…”, “Soy el farolero de la Puerta del Sol…”, “Una tarde fresquita de mayo…”, “Al pasar la barca, me dijo el barquero…”, etc.



Entretanto, se acercan al escenario unos chavales que estaban sentados en las barras de la portalada; Ramón y Anselmo se ofrecen a “darle a la soga” pero enseguida aceleran el ritmo, hasta que las expertas saltarinas no aguantan y les reprenden por su actitud incorrecta. Una vez reanudado el juego, los rapaces se dedican a producir ondas, dificultando el salto a ras de suelo y alterando, de nuevo, a las chiquillas (Anselmo recibe un mosquilón de Ana, la melliza). Tras el restablecimiento de la paz (en las condiciones impuestas por las féminas) se vuelve a originar otro altercado ya que empiezan a estirar desde los extremos (con la pretensión de introducirles la cinta entre sus piernas) y, mientras tanto, Vicente y Santiaguín no cesan de interferir intentando meterse, parando el juego, discutiendo con las contrarias, etc. hasta que éstas se cansan, tiran la cuerda, se enfrentan a manotazos y patadas, hasta que los valientes deciden “hacer mutis por el foro”, recibiendo insultos varios (escagarruciaos, mangarrianes, melón, mostrenco, etc.) y cometarios diversos: ¡hala! a tomar po’l culo por ahí, id a sacar el abono,… y así ya estáis en la mierda, etc. Los muchachos se dirigen hacia el puente “cagando centellas” y mirando por el rabillo del ojo a sus perseguidoras enfurecidas, sin perder de vista las piedras que volaban hacia sus objetivos corporales.

Bueno, a pesar de la belicosidad de género, la sangre no llegaba al río y solía ser el origen de chanzas posteriores, en los momentos de serenidad.

Jesús (el mediano de Toño y Enedina).

lunes, 31 de diciembre de 2018

¿LA VIEJA EL MONTE?



Muchas opiniones se han vertido sobre La Vieja El Monte estos últimos días en redes sociales, evidentemente dos son los posicionamientos, los que apuestan por la evolución y los que preservan la tradición. Entre los primeros, destacan opiniones como que no aceptar a La Vieja El Monte es una falta de respeto hacia mucha gente que está trabajando por León. Y no, no es una falta de respeto, todo lo contrario, el respeto hacía esa gente trabajadora es total, pero si este trabajo se basa en la mentira, aunque sea piadosa, habrá que hacerlo constar.

También encontramos opiniones en las para defender la nueva versión de La Vieja El Monte se acude a comparaciones extremas, Papa Noel, y no, Papa Noel es una tradición de las culturas nórdicas, no es un invento ni de los anglosajones ni de las culturas latinas.

Para quienes defienden las tradiciones, el leonesismo ya tiene una entidad propia, con legado histórico y reconocimiento público y notorio, no hace falta inventar nada. León es más que un nombre propio, León tiene su historia, su castellano singular, sus leyendas y tradiciones, suficiente material como para estar orgulloso de ser leonés sin necesidad de aditivos fantasmas.


Miguel A. Valladares

¿La vieja del Monte?

Para empezar no se llamó nunca “La Vieja del Monte”, sino “La Vieja el Monte”.

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Ahora León / Cultura / La vieja de Monte / Leoncio Alvarez
Hijos del pueblo de la Puerta, lugar anegado por el embalse de Riaño, desde su diáspora y destierro claman contra el montaje que se hace de esta figura mítica, cuya verdad nada tiene que ver con lo que trasmiten televisiones, radios y demás medios de comunicación. Algo que denuncia el Pastor de las veceras, Leoncio Alvárez, en consonancia con otros antiguos vecinos de la montaña como los hijos de Eusebio y Avelina, actualmente desterrados en La Nava, Paz y Lauriano padres de Toti, Santiago el de Leandro y su hija Maruja. Personas mayores que ven con pena como se manipula una figura que fue para ellos muy importante, en su infancia y siempre.
Para empezar no se llamó nunca “La Vieja del Monte”, sino “La Vieja el Monte”. La están convirtiendo en un montaje navideño, sin tener nada que ver con estas fechas, por lo que quieren recuperar la verdad y que no se manipulen las tradiciones, pues es una falta de respeto al recuerdo y a quienes vivieron en ese mundo de mitos y sentimientos. Más absurdo querer comparar esta figura mítica con papá Nöel o santa Claus.
Los niños y niñas de la montaña, en concreto de los montes de Hormas, vivieron una infancia muy ligada al pan de la Vieja el Monte, pues así se conoció: “El pan de la Vieja el Monte”. Algo que sucedía o bien al comienzo del verano o del otoño, ¡nunca en las fechas de la Navidad!, ¡jamás!, sino cuando iban los vecinos del pueblo en unos casos a recoger leña y trambos (restos de roble caídos) que se ronchaban para llevar a los carros, e ir a a la hoja, podando ramas (coloños) que se daba a las ovejas y la rama se usó para prender la lumbre. En primavera para segar los prados, el de  Leoncio en La Salsa
Las niñas y niños esperaban que regresaran sus padres y familiares para comer el pan de la Vieja el Monte, que llevaban en una fardela (donde llevaban la comida para pasar la jornada) A veces con algo más que hubiera sobrado, pero ¡el pan!, un pan que les supo siempre de una manera especial. Era un sentimiento, que perdura, porque  “era una esencia”. “¿Por qué?, no lo sé”, explica Leoncio. Aquel rito marcaba una etapa de la vida, pues esperaban dicho pan cuando por edad no podían ir al monte. Luego ellos participaban de traerlo con sus mayores a los guajes del lugar.
   Leoncio entre Avelina y Carlos Alonso.
Hoy, quienes vivieron aquello, sienten rabia e impotencia porque adulteran ese sentimiento, esa tradición que quieren manipular ignorando la realidad y falsificando los hechos impunemente y de manera masiva. Quieren convertir esa figura en algo más del consumo, deformando lo que fue. ¿Cuando se subió al monte con madreñas?, como sale esta figura caricaturizada y ridícula en las televisiones. Se usaron los escarpines, botas, las de ir al monte, que cuando eran muy buenas se decía “botas de piel de hierro”.
Es preciso denunciar la falta de respeto a las tradiciones y a las personas que vivieron con ese mito, como en otros lugares pudieron ser otros. En este caso nada que ver con la Navidad. Nunca se plantearon si existía o no, porque no fue la vieja el monte lo importante, sino su pan. Como dice Nato (Fortunato), el último rabelista de la montaña: “Hambre no pasamos, pero necesidades ¡muchas!”
La fiesta que sí celebraron en las Navidades fueron la de los Reyes Magos, lo que  marcó la infancia entre creer en ellos y luego saber que son los padres. Se hicieron los Autos de los Reyes Magos, algo muy importante en la festividad de entonces, como lo fue la Misa del Gallo. Los curas invitaban a chocolate. Se cantaban canciones de manera colectiva, los cantos “O reis”: “Los Reyes son…

Leoncio de niño con su tio Victoriano

Todo lo que se cuenta de esta tradición es un atentado a la cultura, que expanden publicistas y promotores que quieren hacer de la montaña un objeto de consumo para el turismo, como cuando se anuncian los “fiordos” de la montaña. Todo un dislate y una falsedad.
Desde su pasado mucha gente pide que la información sea fidedigna. Distorsionar la imagen de los recuerdos es sepultar la historia, la realidad y convertir a las futuras generaciones en tontos que consumen al ritmo de la publicidad… engañosa. Y, sobre todo, causa mucho dolor en quienes llevan aquellos momentos en su corazón.
Quiere Leoncio recordar algo que dijo Darío Fo: “Necesitamos urgentemente locos, contra el dinero, el Poder y la mentira que gobiernan el mundo.


Las montañas leonesas esconden el secreto de la Vieja el Monte

Una figura mitológica de la montaña leonesa se ha convertido en “montaje” navideño. A través de las palabras de un vecino de La Puerta, Leoncio Álvarez, descubrimos la auténtica tradición del pan de la Vieja el Monte.

Municipio de La Puerta, zona típica de La Vieja el Monte
No es Papá Noel ni los Reyes Magos. No trae regalos, ni tiene cabalgata. La Vieja el Monte es una figura de la mitología de la montaña leonesa que tiene una historia y una tradición que nada tiene que ver con la Navidad.
Varios vecinos de La Puerta, municipio leonés perteneciente a Riaño, entre los que destaca Leoncio Álvarez han manifestado a través de un escrito su preocupación y enfado sobre el “montaje navideño” que se está haciendo de su herencia cultural. Leoncio ha contado a NoticiasCyL la verdadera historia de la mal llamada “Vieja del Monte”.  Si empezamos por el principio, se llama “Vieja el Monte” y ahora “nos hacen creer que viene por Navidad, solo por el dinero y el consumismo”.
La tradición se encuentra en el “pan de la Vieja el Monte”. Leoncio recuerda sus raíces de cuando era niño que los mayores se levantaban a las cuatro de la mañana para ir al monte, en esta zona a La Salsa o al Valle de Hormas. Al volver, antes del anochecer, los pequeños esperaban con ansía el pan de la Vieja el Monte. Además, nos cuenta que se oía que el pan que traía sus padres en el zurrón o en el fardel  “les sabía a gloria”. De niños pensábamos que era de La Vieja el Monte, pero ahora de mayores valoran que su padre se guardara un trozo de su almuerzo para sus hijos.

Leoncio de niño

El pan solo es un símbolo porque la Vieja el Monte les podía sorprender con otros alimentos como chorizo o avellanas.
La nieve azota con fuerza en los inviernos a las localidades de la montaña leonesa. Por eso, como nos señala Leoncio, aunque con más confianza ya le podemos llamar Poncho, que al monte se iba en verano o en otoño a recoger leña o restos de robles caídos que se llevaban hasta los carros. Más tarde, en primavera se iba al campo a segar, pero en pleno invierno “jamás” se iba al monte. “Con las nevadas en Riaño como iba a bajar la Vieja el Monte”, explica desesperante Poncho.
Como recuerda Leoncio, en aquella época todos bajaban juntos del monte por la seguridad de los carros. También por el camino se atrapaban ramas para prender la lumbre o salgueras para las ovejas. “Todo se recicla en el campo y nosotros éramos los guardianes del monte”.

Ilustración de Berto Álvarez Peña

Si volvemos al presente con la “Vieja del Monte” vestida de “manolete” paseando dentro de una cabalgata y con regalos para los niños es “un gran insulto a las tradiciones y a las costumbres”, manifiesta Leoncio. La verdadera Navidad se encuentra en los Reyes Magos, en los villancicos, en la montaña leonesa siempre cantados con diminutivos “el niñín jesusín”, y con la misa del gallo.
A los niños y niñas de la zona no les importaba si la Vieja el Monte existía o no, simplemente esperaban su pan cada día. Es una tradición del Reino de León que que se debe mantener su esencia.
Leoncio reconoce que esta cultura es una “experiencia compartida con mucha gente” y no quiere desperdiciar este momento para agradecer esta historia a su padre. Como él mismo lo define, es un hombre que no quiso volver jamás al valle de Hormas, después de pantano,  y a sus primos, junto a todas las personas de la montaña leonesa que luchan para que no se distorsione ni se invente una nueva Vieja el Monte.

sábado, 1 de diciembre de 2018

A TODO GOCHO LE LLEGA SU…



A TODO GOCHO LE LLEGA SU…
La matanza se podría considerar el arte de aprovechar todos los componentes del gocho con la finalidad de alimentar a los miembros de la familia durante un año, incluidos el perro (algún hueso le tocará rucar) y el gato (siempre le caen varios restos a la hora de comer). Es una tradición muy extendida y antiquísima, transmitida en el núcleo de las familias sin apenas variaciones ni avances tecnológicos; como tal, exige un ritual o protocolo que es obligatorio observar cuidadosamente.

En nuestro pueblo de La Puerta, en la década de los 70, al igual que en muchos otros, es un acontecimiento social donde se reúnen miembros de varias familias (de todas las edades) para realizar las tareas de forma colectiva, incluidos los más pequeños, colaborando en sencillas encomiendas: sujetar al animal por el rabo (broma reiterada), traer o llevar algo (utensilios, herramientas y recados a las mujeres), espantar al perro  (siempre expectante), etc. Para los niños llega a ser un día muy especial, convives con primos de todas las edades y presta estar con ellos, a pesar de las rabias que nos hacen los mayores, jugando hasta bien entrada la noche (si los progenitores se divierten, charlando y cantando, acompañados de licores en suficientes cantidades).


En todo el proceso se observa una seriedad extrema y un sobrecogedor respeto por el sacrificado, efectuando las tareas de expiración rápidamente y por el ejecutor más especializado; en La Puerta se contaba con la reputada profesionalidad de Fidelín (por su complexión) para tales menesteres, aunque también había vecinos que se mofaban por alguna actuación en la que había errado.

Todo está planificado, aunque no lo parezca, pues la empresa es tan importante que la manutención familiar depende primordialmente de esta actividad y no creo estar exagerando ya que todos conservamos en nuestra memoria sabores únicos de productos porcinos en cada comida: los cocidos acompañados de morcilla, costilla y tocino fresco, el almuerzo con torreznos y chorizo frito, la merienda con chorizo ahumado o tocino untado en una rebanada, la cena rematada con el jamón curado, las patatas o el arroz con costilla adobada, etc.

La organización se inicia con bastante anterioridad al día del sacrificio, siendo preciso analizar varios factores: cuántos cerdos se necesitan (uno o dos) y su tamaño (grandes o medianos) que dependerá de la cantidad de los miembros de la familia (no se contemplaban otras opciones: presencia de colesterol, personas vegetarianas, alimento light, etc.); también hay que decidir cómo se adquiere el gorrino: puede separase un gochín de una camada propia (en casi todas las casas había una madre de cría), otras veces se compra un cochinillo y se ceba expresamente, algunos compran un cebón, etc.

En cada uno de esos casos es muy importante considerar el plazo (5 o 6 meses) que se necesita para que el animal llegue en su peso óptimo; durante este tiempo vive aislado en su cubil, pero su presencia se percibía de inmediato en el ambiente vacuno. Allí, ajeno a su fatal destino, pasaba sus días en soledad, degustando los productos frescos del huerto (remolachas, nabos, gamones) y las raciones elaboradas a base de patatas cocidas, salvaos y pulpa, servidas diariamente en su artesa. A ésto contribuíamos especialmente los niños en las primeras fases de crecimiento pero enseguida desistíamos por su repetición y exigencia de cuidado.


Por otra parte hay que hacer acopio de ingredientes para elaborar las masas y adobos de chorizos y morcillas, la cura de jamones y brazuelos, además de la conservación de otras viandas: orégano de las peñas (recogerlo en verano y ponerlo a secar), pimentón (adquirido en tiendas de Riaño o la feriona de noviembre), cebollas del huerto (implica sembrarlas previamente), sal, tripas de compra (por si acaso no llegan con las del inmolado) y otras sustancias para satisfacer el propio gusto del consumidor final.

También se debe revisar la máquina de hacer chorizos y sus componentes, preparar las herramientas de corte (cuchillos varios, piedras, hachinas), inspeccionar elementos de madera (varales, mesa, gamellas, artesas), localizar los cuelmos (igual se los ha llevado algún ladronzuelo), etc. En caso de olvidos e imprevistos no supone ningún problema pedir prestado algo a un familiar, vecino, amigo, etc.

Por supuesto, si hubiera elementos defectuosos o deteriorados serán reparados o sustituidos por otros nuevos o de segunda mano, ya sean comprados o de elaboración propia; casi todos los varones eran curiosos en las tareas artesanas, quizás por necesidad más que por habilidad.

Duermo en el piso superior, tapado hasta la coronilla, en posición fetal, sujetando las mantas contra mi cuerpo, la cama calentita (creo que no me he movido en toda la noche), una oreja encajada en la almohada, me despiertan los gruñidos de un gocho, se perciben nítidamente, se halla en la cercanía y ello me indica que ha llegado el día de San Martín.

Jesús (el mediano de Toño y Enedina).


viernes, 9 de noviembre de 2018

NUESTROS EMIGRANTES (3) LA FAMILIA MORENO DIEZ



NUESTROS EMIGRANTES (3)

LOS MORENO DIEZ DE LA PUERTA


La familia Moreno ya está documentada como residente en La Puerta  en el siglo XVII, Juan Moreno y María Díez son los primeros documentados. Es el siglo XVIII, 1752, cuando se elabora el Catastro de Ensenada Juan y María ya habían fallecido, en cambio dos de sus hijos siguen residiendo en el pueblo: Juan y Marcos. De Juan Moreno se dice que cuenta con 38 años de edad, es decir, nacido en 1714, estaba casado con Manuela Alonso y no tenían descendientes en el momento de la elaboración del Catastro, aunque más tarde tendrían 4 hijos. De su hermano Marcos Moreno sabemos por el citado documento que en 1752 tenía 32 años, nacido en 1720, estaba casado con Francisca Rodríguez y tenía en ese momento 5 hijos: Francisco, Manuel, María, Juan y Juana.

Primera página del Catastro de Ensenada correspondiente a la Villa de Riaño.

Estas dos ramas de la familia acabarían desapareciendo de los registros de La Puerta, siendo en 1908 en donde aparece el último registro referente a esta familia. Principalmente el apellido se traslada a Riaño a través de ciertos matrimonios, e incluso hoy en día los descendientes de Juan Moreno siguen residiendo en Riaño y pueblos limítrofes. 

Nuestros emigrantes del presente trabajo son descendientes de la rama de Juan Moreno Díez, un hijo de este Manuel, contrajo matrimonio en primeras nupcias con Francisca Sierra Posada natural de Riaño, fruto de este matrimonio nacerían 6 hijos. Tras enviudar se volvió a casar con María de la Fuente Fernández natural de Carande, con quien Manuel tuvo otros 6 hijos más.

Valentín Moreno de la Fuente, el benjamín de la familia, nacido en 1805 es el padre de nuestra pareja de emigrantes. Valentín se casó con Lorenza Díez Álvarez, natural de La Puerta, el matrimonio tuvo 7 hijos: Ana María, Francisco, Mª Manuela, Rosa, Concepción, Benito y Cecilio. De ellos, Rosa y Cecilio son los que tomaron la decisión de emigrar.

Rosa Moreno Díez nació en La Puerta en 1844, se casó en 1867 con Pedro Sierra Miguel natural de Riaño, la pareja residió en Riaño y tiene registrados 7 hijos en la montaña, algunos de sus hijos aparecen bautizados en La Puerta y otros en Riaño: Andrea (1873), Indalecio (1876); Inocenta (1878) y Josefa (1884) aparecen en La Puerta y Asunción (1881); María (1882) y Lucas (1886) en Riaño. Asunción, María y Lucas fallecieron a edad temprana.

Hoja del Censo de 1895 correspondiente a la Capital Bonaerense.

A ciencia cierta desconocemos la fecha de su partida, pero todo hace indicar que esta es posterior al fallecimiento de su último hijo Lucas, enero de 1887 y anterior a 1895, fecha en la que aparecen en el Censo Argentino residiendo en Buenos Aires, capital de Argentina.

Según este Censo la familia reside en la Capital Federal y en ese momento la familia la componen Pedro Sierra con 55 años; Rosa Moreno de Sierra con 47; Andrea Sierra Moreno 21 años; Inocenta Sierra Moreno con 17 e Indalecio Sierra Moreno con 19. Desconocemos igualmente la suerte de Josefa, que debería tener 11 años, además, el censo declaran que el número de hijos que tuvo el matrimonio es de 10.

Cecilio Moreno Díez nacía en La Puerta en 1856, se casa en Éscaro el 1 de septiembre de 1878 con Juliana Gutiérrez Díez, hija de Estanislao Gutiérrez y María Díez, todos naturales de Escaro.


        
        

Registro de matrimonio de Cecilio Moreno y Juliana Gutiérrez 


El matrimonio fijó su residencia en La Puerta, en donde en 1879 registraban el 24 de mayo a su hija Bernardina. También desconocemos la fecha de su partida, pero sabemos que en 1882 ya residían en Argentina, ya que en esa fecha nace su hijo José,  más tarde nacerían Florentina (1884), Daniel (1887), Cecilio (1888) y Fausto (1891).


    Hoha del Censo argentino de 1895


En 1895, Según el Censo de la Provincia Argentina de Buenos Aires, la familia Moreno Gutiérrez estaba avecindada en la ciudad de General Dorrego, al Suroeste de la Provincia, se dedicaba a la crianza, y el hogar estaba compuesto por el matrimonio y 6 los hijos ya mencionados, por el mismo documento sabemos que además de estos otros 3 hijos más fallecieron por diversas causas, ya que acreditan ser padres de 9 hijos.


Registro Bautismo en Tres Arroyos (Argentina) de Daniel Moreno Gutiérrez.

El caso Cecilio Moreno es un claro ejemplo de la política llevada a cabo por el Gobierno Argentino. En el periodo 1881-1890 emigraron a Argentina 134.492 españoles, en su mayoría se trataba de familias enteras que acudían a una llamada gubernamental en la que daban todo tipo de facilidades y comodidades para instalarse en Argentina. Entre estas familias pioneras hay varias pertenecientes a nuestro entorno, y fueron estas las que más tarde hicieron uso de la Carta de Llamada para facilitar la entrada de otros.

En un principio, tras su llegada a suelo argentino, las familias residían temporalmente en el llamado Hotel de Emigrantes, allí se les ofrecía alguna concesión o se les daba un tiempo para buscar otro tipo de destino. A los primeros llegados, el gobierno intentaba fomentar el asentamiento de estas familias en determinados lugares deshabitados para explotar esas tierras. En el caso de algunas de nuestras familias, son muchas las que se asentaron en la capital, pero también las hay que se asentaron principalmente al Oeste y Suroeste de la Provincia de Buenos Aires, en la que el gobierno desarrolló una amplia red ferroviaria con el fin de comunicar y dar salida a toda la producción de las nuevas explotaciones.

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Antiguo Hotel de Emigrantes en el Puerto de Buenos Aires.

Hubo varios tipos de colonización, en las que el emigrante recibía gratis o a un precio bajo la tierra, animales, herramientas, víveres y materiales de construcción. Otro tipo de colonización contemplaba una concesión privada con el compromiso de explotar la concesión y pagar una cuota a cambio. Como ejemplo de este proceso, los inmigrantes de la Colonia San José, en la Provincia de Santa Fe, en la que viven familias originales de Éscaro, Riaño y La Puerta, recibían de 10  a 6 cuadras de tierra (una cuadra equivalía a 1,5 hectáreas), 100 pesos para objetos de primera necesidad, 4 bueyes, 2 caballos, 2 vacas lecheras con cría o preñadas, madera, leña y manutención durante un año.

    La fotografía es de 1910 y corresponde a los primeros asentamientos de emigrantes españoles en el Sur de la    Provincia de Buenos Aires. Recibieron los materiales de construcción para sus viviendas y construyeron como sabían, como siempre habían hecho en su tierra.


Otro buen ejemplo de Colonización, y con representación montañesa, lo tenemos en Lobería, una ciudad al Sur de la Provincia de Buenos Aires, cuya fundación oficial fue en 1891. Lobería era un descampado en plena Pampa que se fue poblando de emigrantes, entre ellos gente de Burón, de La Puerta, Riaño, dueños de concesiones que, mediante la propia organización de comisiones entre vecinos, fueron levantando almacenes, escuelas y otros edificios públicos. Lobería en la actualidad ronda los 13.000 habitantes. Tandil, Tres Arroyos, Balcarce, San Manuel, Rauch, Laprida son otras lugares con representación montañesa.


Lugares en donde se instalaron familias de Éscaro, Riaño y La Puerta



MIGUEL A. VALLADARES ÁLVAREZ